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miércoles, 25 de abril de 2018

Hablando un poquito de "Emma" en el programa de radio "ElSótanodeRadioBelgrado"



Buenas noches, mis chic@s!!
Los geniales chicos del programa “El Sótano de radio Belgrado” en su programa dedicado a “Desafio Total ( Relato de Philip K Dick + Pelicula de Paul Verhoeven )” hablan de muchos temas interesantes sobre literatura y han tenido a bien invitarme para charlar un poquito y contar cosillas sobre mi novela “Emma”, ha sido todo un honor poder participar en el programa con tan grandes profesionales.

Aquí os dejo el enlace al programa para los que quieran escucharlo, es una maravilla!



No os lo perdáis!!

martes, 17 de febrero de 2015

Opinión de María Criado sobre "Emma" de Irene Comendador




Si algo hace que me sienta feliz y pletórica, si algo hace que no me rinda ante nada y quiera seguir creando historias, sin duda alguna, es que un lector me dé su opinión sobre mis textos.
Aquí os dejo las palabras de una persona preciosa, tanto por fuera como por dentro, María Criado​ se ha leído mi Emma y me ha dejado con la lagrimilla en el ojo al saber que le ha gustado tanto. Gracias, gracias de todo corazón!
(Y además en la foto posa con el libro de uno de mis compañeros, Miguel Aguerralde, un amigo escritor que os recomiendo mucho porque tiene un talento abrumador. ¡Viva!)

Palabras de María:
“Hace unos días que lo acabé, y tengo el gustazo de tenerlo en papel junto a mis tesoros. Me ha gustado mucho mucho este libro de mi querida Irene Comendador. De zombis, si, con acción, si, pero con una historia de humanidad y de amor incondicional que me ha llegado.
Me gusta mucho como describe todo, entorno, personas y la acción. Emma es una heroína muy humana, muy real que hace que desde la primera pagina del libro, tú mismo seas Emma.
Las ilustraciones interiores buenísimas!
100% recomendado, se lee de un tirón, además decir que la portada me encantó!
Mi valoración: Muy buena"

SINOPSIS: El mundo como lo conocemos llegó a su fin. La infección lo destruyó todo, y los que han logrado sobrevivir ahora luchan contra los que siguen caminando entre ellos. Emma tenía una vida perfecta y feliz junto al amor de su vida, hasta que todos los que amaban murieron o acabaron como los otros... muertos y hambrientos. Emma luchará por salvar a Jack, no importa el precio, ni quienes o qué atrocidades se interpongan en su camino. Pero, ¿y si sobrevivir ya no se trata de simplemente una meta? Cuando el mundo ya no es mundo, y todo lo que te rodea es horror con aroma a muerte, quizá la supervivencia sea mucho más que un objetivo... puede ser tu destino."


«Una novela corta capaz de hacer encoger tu estómago y corazón a partes iguales. Romance, acción, terror... ¿quién dijo que el amor no es compatible con la muerte? ¡Absoluta e indispensable!» -Karol Scandiu, autor de El Diario Oscuro-

miércoles, 30 de julio de 2014

Entrevista a Irene Comendador sobre "Emma" en "Culturamas"



Me han entrevistado en la revista digital "Culturamas" hablando un poquito sobre mi novela corta "Emma", me lo he pasado genial contestando a las preguntas, espero que os guste!!!

http://www.culturamas.es/blog/2014/07/30/entrevista-a-irene-comendador/

Y mil gracias a Monty Brox por permitirme el honor, eres lo más bonito del mundo!! 

martes, 22 de julio de 2014

"El amor jamás será digital" Por Daniel M. Givaudan



Aquí os traigo un texto que me ha gustado mucho de mi amigo Daniel M. Givaudan, escritorazo que tiene mucho que mostrar al mundo todavía.
Gracias por dejarme compartirlo con mis chic@s del blog ^^


 El amor jamás será digital
"El amor jamás será digital.
El amor, ese al que se le escriben poemas y no el que venden en centros comerciales los días de San Valentín.
El mismo que desgarra corazones. El que une países y separa mundos.
El que se habla, se escucha y se siente.
El que te hace volar con los pies en el suelo.
El que te hace creer, descreer, ilusionarte, desilusionarte, llorar y sonreír mientras las lágrimas anteriores aun no se han sacado en tus mejillas.
El mismo que convierte tus lágrimas saladas en dulces y te hace reír como un idiota.
El amor, el de Benedetti, el de Shakespeare y tantos otros sin renombre, pero que murieron de amor.
Porque el amor quema por dentro y sólo puede salir a través de la piel, los ojos, los labios, por los poros.
Por todo esto y por nada. El amor nunca será digital."



Podréis encontrar más sobre Daniel en su web:


viernes, 20 de junio de 2014

La mejor novela erótica que he leído: "Gilda" de Moira Cooper


































No os podéis hacer una idea de las ganas que tenía de que saliera a la venta este libro, se trata de una novela erótica escrita por la autora Moira Cooper, una erudita del género y que me ha dejado impresionada con su forma narrativa y su manera de dibujar las escenas.
Os presento a Gilda, su primera novela erótica, quedaros con el nombre porque subirá en las listas de los más vendidos como la espuma ^_^
Es una novela erótica que deslumbra por su originalidad, no es la típica historia de chico conoce a chica, pero en ella podremos encontrar intriga, amor, pasión, y sobre todo mucho erotismo. Gilda es una artista con los pinceles que conocerá al amor de su vida en unas circunstancias muy especiales que la harán perder su pista, el resto de personajes de la historia entran en su vida de una forma inusual y sorprendente. Es una novela que te engancha desde la primera página y no puedes dejar de leer hasta el final, final que te deja de piedra y satisfecha.
La manera de narrar de la autora es sublime, una prosa inmejorable, tanto en descripciones como en realismo de personajes, parece que los conoces de toda la vida.
La maravillosa y llamativa portada es obra de mi chica Karol Scandiu, no se puede pedir más.
Se que a muchos de mis lectores os gusta este género, pues si queréis una buena novela erótica no os la podéis perder (ya sabéis que no suelo pedir nunca nada, pero se agradece que la compartáis porque se lo merece)
El libro sale por el módico precio de 7.85€, vamos, que yo no me la pierdo por nada del mundo!!

Aquí os dejo la sinopsis:

“Personajes con historias independientes que acaban enlazándose entre sí a todos los niveles. El detective privado, la puta, la que engaña a su marido mientras éste le engaña con otra, y todo visto desde los ojos de Gilda, aspirante a artista, y Ariza, detective privado siempre listo para meterse en la cama de cualquier mujer. Amor, romance y sexo puro y duro, juntos pero no revueltos... hasta el inesperado desenlace.”

Y aquí el enlace de compra:




lunes, 16 de junio de 2014

Novela corta ilustrada "Emma", la nueva publicación de Irene Comendador



























¡¡Hoy es el día!! Os presento a “Emma”, mi nueva publicación, mi primera novela corta pero intensa, está ilustrada por el gran Carlos Gregorio Simón Godoy (CalaveraDiablo) uno de los hombres con más talento que tengo el gusto de conocer y que nos da la oportunidad de ver la cara de los personajes de la historia con todo lujo de detalles; el libro es una mezcla de género terror-zombi y romance, creo que gustará tanto a lectores como a lectoras. La maravillosa maquetación e impactante portada son obra de Karol Scandiu, como veis la protagonista tiene toda nuestra atención, y es que dentro de las páginas del libro es ella la que nos guiará por un mundo sumergido en el terror de los muertos vivientes; Emma tiene un objetivo muy importante: salvar al amor de su vida de la muerte, y seremos nosotros los encargados de acompañarla en su aventura para saber si al final consigue su cometido.
Al haberme decantado en esta ocasión por la autopublicación, seréis vosotros mis lectores los que con vuestros comentarios y si os gusta la obra, podréis recomendarla a quien creáis que les gustaría leerla.

Aquí os dejo la sinopsis del libro:

“El mundo como lo conocemos llegó a su fin. La infección lo destruyó todo, y los que han logrado sobrevivir ahora luchan contra los que siguen caminando entre ellos. Emma tenía una vida perfecta y feliz junto al amor de su vida, hasta que todos los que amaban murieron o acabaron como los otros... muertos y hambrientos. Emma luchará por salvar a Jack, no importa el precio, ni quienes o qué atrocidades se interpongan en su camino. Pero, ¿y si sobrevivir ya no se trata de simplemente una meta? Cuando el mundo ya no es mundo, y todo lo que te rodea es horror con aroma a muerte, quizá la supervivencia sea mucho más que un objetivo... puede ser tu destino.” 

Podéis adquirir la obra en papel en este enlace por un precio económico:

http://www.amazon.es/Emma-IC-Irene-Comendador/dp/1500130990/ref=pd_rhf_gw_p_t_2_PJT6

Y aquí el enlace para los que prefieran leer en formato electrónico:

http://www.amazon.es/Emma-Karol-Scandiu-ebook/dp/B00KY6E9CA/ref=pd_ecc_rvi_2

Y para terminar os quiero dar las gracias por estar siempre ahí, confiando en mis letras y animándome a seguir adelante, sin vuestro apoyo no me habría decidido a sacar este libro que escribí hace ya cuatro años. ¡Gracias!

Aquí y como anticipo y adelanto, os presento una de las ilustraciones de CalaveraDiablo:




jueves, 5 de diciembre de 2013

Viaje a ninguna parte



 


Viaje a ninguna parte



Vamos en un transporte público, pero es muy amplio y los asientos están bastante separados unos de otros. En el vehículo solo hay gente conocida, un grupo de amigos, quizás, compañeros de trabajo, exactamente no lo sé; todos nos llevamos muy bien y nos vamos regalando sonrisas y buenas caras durante el trayecto. No conozco el destino o ahora no lo recuerdo, pero estoy segura de que es largo y pesado, y que nos obligará a parar un par de veces para atender nuestras necesidades fisiológicas.
Las conversaciones se mezclan con el humo del tabaco; sí, se puede fumar, o eso ha permitido el conductor, que no para de reírse con las ocurrencias de una de las pasajeras, mientras enciende un pitillo con otro y coquetea olvidándose de sutilezas con la chica diez años menor que él.
A mi lado, dos chavales más jóvenes se entretienen con uno de esos juegos para el móvil.
Yo intento no mirar lo que no tengo que mirar, o mejor dicho, a “quien” no tengo que mirar. Está prohibido, una prohibición sin acuerdo verbal que ambos nos pusimos en el pasado.
Pero es difícil, es complicado obedecer esa norma auto impuesta, me resulta imposible no lanzar miradas de rabillo cada vez que se mueve, cada vez que gesticula, cada vez que su boca dedica palabras a otra que no soy yo.
Los chicos, máquina en mano, se levantan del asiento y deciden encontrar un lugar con más bullicio que el silencio que han conseguido de mí. No me extraña, llevo parte del viaje hablando a gritos con un chico bien parecido que está sentado al otro lado del coche. Contesto sin ganas de seguir con la conversación y sus preguntas han terminado apagándose por mi falta de interés. Vuelvo a estar sola, y decido ir un poco más atrás en lo que podría ser un autobús gigante; espero que las voces del pasaje por fin desaparezcan. Por muy ilógico que suene, lo consigo, ya no llegan hasta mis oídos, amortiguándose por el ruido del motor y la concentración en el libro que tengo entre las manos. Una novela policiaca de un autor cualquiera, elegida al azar en una biblioteca pública.
Paso la página para seguir leyendo, no sin antes volver a mirar a la persona que no tengo que mirar; allí, sentado junto a una joven de cabellos rojos y ondulados. Cree que no me doy cuenta, pero si nuestras miradas hicieran partida, estaría muy reñido el resultado; él también me tiene controlada.
Pensaréis que eso me agrada, pero no es así. No quiero que me mire, no quiero que me piense, no quiero que esté a escasos metros de donde yo estoy, como ahora. No quiero tenerlo al alcance de la mano y tan lejos de mi vida. No quiero.
De repente, el chaval joven, ese que intentó llamar mi atención y del que pasé olímpicamente, repara en mi soledad, en la silla vacía junto a la mía, en mi cara de velatorio o dolor o tristeza o lo que sea que mis facciones quieran reflejar de lo machacada que estoy por dentro.
Se levanta de las primeras filas, dejando a una rubia despampanante con la palabra en la boca y se dirige a paso decidido hacia mí. Quiere algo que jamás conseguirá, pero me da la sensación que es de los que necesitan una sonora bofetada para darse cuenta, y aún así, lo volvería a intentar más tarde.
Subo el lomo del libro, cubriéndome la cara, ocultando una mueca de desagrado. De verdad, quiero estar sola.
Cuando se sienta junto a mí me sonríe de lado, grita mentalmente “al fin estamos solos”, aunque todo el “autobús” nos esté mirando en esos momentos. El traqueteo de las ruedas hace mella en mi trasero, demasiadas horas en la misma postura y sin poder estirar las piernas y respirar otra cosa que no sea el aire viciado de tantos cuerpos juntos y el humo del tabaco.
Con la frase anodina de “Un viaje largo ¿verdad?”, inicia su conversación. Nunca he pecado de falta de modales y esta no será la primera vez, pero dejaré claro que no quiero tenerlo cerca, mi objetivo es introducirme entre las líneas de mi lectura y que el tiempo pase lo más rápido posible, sea dónde quiera que sea nos dirijamos.
El chico huele muy bien, se agradece el contraste, he de reconocerlo. Me cuenta una historia que no viene a cuento, algo relacionado con un día de fiesta en alguna playa rodeado de amigos. La historia es graciosa y no puedo evitar sonreír. Al ver que surte efecto, sigue recreándose con los detalles y consigue que, inconsciente, suelte una carcajada.
El hombre de ojos oscuros al que no debo mirar, gira la cabeza y nos atraviesa con la mirada.
Cierro el libro y pienso que tal vez no sea tan mala idea tener algo de conversación, desconectar un poco y pensar que aún hay gente que disfruta de la vida, sin importar los problemas ni las heridas de los corazones rotos.
No sé cuánto tiempo ha pasado, quizás diez minutos o quince, pero en mitad de uno de esos chistes de risa fácil, aparece una sombra frente a nosotros.  
Reconozco sus botas negras con dibujos rojo chillón, y me obligo a seguir mirando la portada de mi libro. No le daré el gusto de ver mis ojos humedecerse.
Mi compañía levanta la cabeza y hace un gesto que no logro distinguir. Una voz fuerte y masculina reza algo como: “¿Podría abrir una de estas ventanas? El ambiente está muy caldeado”. El chico de los chistes abre la boca asombrado, incluso sin levantar la cabeza puedo distinguirlo. “Perdona, pero si quieres ventilar ¿Por qué no lo haces con una de las ventanas de alante?”. Noto con claridad una sonrisa, de las que no hacen ruido pero se perciben en el ambiente. “Es que las «chicas» no me dejan. No querrán despeinarse”, contesta con la misma voz potente que ha protagonizado mis sueños los últimos meses; ésta se clava dentro de mi cabeza y me trasporta a otro tiempo, a otros días, sin duda, días mejores. Sabe que me he dado cuenta de la entonación con la que ha dicho la palabra “chicas”, y debatiéndome conmigo misma, por fin hablo. “Que la abra, yo no tengo frío”. Y acto seguido, empiezo a charlar con el chico del asiento de al lado, comienzo una animada conversación sobre lo interesante que fue una excursión a un sitio que ni siquiera había pisado en la vida. Toco su brazo para que ponga atención en mis palabras y deje de apuñalar con la mirada al hombre de ojos oscuros y corazón de piedra. Él se acerca a la ventanilla y de un fuerte tirón que resuena en los oídos de todos, abre completamente el cristal. Una ráfaga de aire se cuela enfurecida y me golpea en la cara, apartando con violencia mi pelo hacia atrás y dejando al descubierto mis ojos, que hasta ese momento se ocultaban por una cortina de flequillo. Juro que mi intención era ignorarlo, pero nuestras miradas se cruzan una milésima de segundo y mi pecho se contrae en el acto. Si le faltaba alguna puñalada, acaba de recibirla.
Me repongo, casi tan rápido que ni el chaval junto a mí lo ha notado. Y sigo con mi historia inventada, y por la cara y sonrisas del chico, también divertida. Está contento y se frota el brazo con delicadeza, como si quisiera atesorar el contacto físico que hemos tenido, como si ese tacto al llamar su atención fuese algo valioso.
Mi demonio personal no se ha movido del sitio, aún puedo ver el bajo de sus pantalones frente a nosotros, e incluso, ignora las llamadas que le profesan las mujeres de la parte delantera.
Arrugo mis dedos en las tapas del libro y clavo las uñas, deseando con todas mis fuerzas que por fin desaparezca, alejándose, dejándome respirar profundamente por primera vez en lo que se está convirtiendo en el momento más largo de toda mi maldita vida.
“Solo una cosa más, ¿podría hablar con ella un momento?” Suelta de repente, y sin esperar respuesta agarra de la sudadera a mi acompañante de asiento y lo ayuda a levantarse, hace un gesto con la mano “invitándolo” a que se vaya y se sienta junto a mí, rozando su rodilla con uno de mis muslos.
No negaré que me ha sorprendido, que estoy cabreada porque no entiendo que sea justamente él quien quiera romper nuestro pacto, pero no le daré el gusto de notar mi desconcierto. Agarro con las dos manos el libro y lo abro con cuidado por la página que tengo marcada con una servilleta de bar. Me intento concentrar en la lectura mientras siento la piel del rostro efervescente; sus ojos clavados en los míos suplican atención, algo que no conseguirá por mucho que se empeñe.
Las manos quieren temblar, las rodillas pretenden golpearse una contra la otra o salir disparadas para no notar el calor que desprende su cuerpo pegado al mío. Y sigo leyendo, pasando las hojas con extrema lentitud, mirando las letras sin saber qué quieren decir las frases que forman, pero disimulo muy bien y se está poniendo nervioso.
Oigo gritos que pronuncian su nombre. Fijo la vista al frente y veo que dos de las pasajeras sentadas detrás del conductor lo reclaman.
“¿Podríamos hablar tan solo unos minutos?” Me dice altanero, con la barbilla alzada y su mirada clavada en mis pestañas. “Reclaman tu presencia”, contesto, señalando con un gesto de cabeza a las chicas que nos observan destilando odio hacia mí.
“Solo te pido unos minutos, nada más”. Su voz ya no es tan dura, la súplica está impresa en cada sílaba.
Soy una estatua. Me concentro en el vaivén del limpia parabrisas, accionado desde hace escasos minutos por una inesperada lluvia de primavera. Pequeñas salpicaduras se cuelan por la ventana abierta y nos mojan la ropa, pero mi cuerpo no atiende a razones, sigue obsesionado con ese punto de unión entre ambos.
De reojo veo cómo mueve su mano en mi dirección, la acerca a mi rostro y lo acaricia con dulzura; me es inevitable contener el gesto y cierro los ojos, suspiro soltando todo el aire de mis pulmones. Con tan solo ese toque me ha desarmado, me tiene en su poder, si es que alguna vez no lo estuve.
Me habla cerca del oído, me confiesa lo arrepentido que se siente de haberme dejado escapar, que daría lo que fuese por volver al pasado y hacer las cosas de otra manera, me dice que me ama. Y espera. Espera por mí.
Intento degustar el momento, la sensación que antaño siempre tuve junto a él, saber que ya nada importa, que todo lo que necesito y quiero es mío, lo tengo en mí poder, a mi alcance. El corazón bombea como loco, llena cada una de mis dudas con ríos de sangre enamorada y por una vez en la vida, le creo, quiero creerlo.
Le miro directamente e intento contestar, abro los labios, pero las palabras se quedan entre los dientes.
Mete su mano entre el pelo y mi cuello y presiona mi nuca con cuidado, pero ejerciendo la fuerza que se utiliza cuando algo es de tu propiedad. No se equivoca. Siempre he sido suya.
Nuestras bocas se juntan y el temblor de su piel me traspasa. Agarra mis mejillas y cuela dentro de mí frases de amor eterno y promesas que quizás nunca cumpla, intercalando las palabras con caricias de su lengua.
El libro sobre mis piernas resbala y cae al suelo. Rodeo su cuerpo con las manos en un abrazo necesitado y él suspira sobre mis labios un “gracias”, seguido de una sonrisa satisfecha y sincera que llega a los ojos. Siento su aliento llenar mi estómago, su sabor saciar mi apetito, su tacto enturbiar mi mente y su decisión cambiar mi vida.  
Al otro lado del coche, un conductor más concentrado en las piernas de la chica que en el camino de asfalto, y cegado por el humo del cigarro que sostiene entre sus labios, saca el vehículo de la carretera, metiendo una de las ruedas en el arcén, dando un volantazo y provocando que todo a nuestro alrededor se descoloque, gravite en el aire y choque contra las paredes de grandes cristales, que se hacen añicos al caer por el terraplén.   
Abro los ojos y el sol que se filtra por la persiana de mi cuarto me ciega. Cuando recupero la vista y el desconcierto me abandona, comprendo que mi cama sigue vacía.

Contando incluso con ese final, me habría gustado que todo fuese cierto.  

domingo, 10 de noviembre de 2013

Microrrelato "Perdida"

Buenos días de domingo mis chic@s, supongo que por estar escribiendo en estos momentos una novela de corte romántico, es por lo que este tipo de fotos me inspiran mucho, y así, sin querer, me salió este micro que espero que os guste ;)
El artista fotógrafo y culpable de mi inspiración es:  http://metindemiralay.deviantart.com/ Pasad a ver sus trabajos, son una pasada ^_^




Perdida

Es un sentimiento contradictorio amar a alguien y que al mismo tiempo te produzca dolor. Intenté escapar mil veces y mil una volví a su lado, por eso aproveché el momento cuando abrió la puerta para que me marchara. Ahora nunca miro hacia atrás, pero aún oigo el sonido de mis latidos en la distancia, entre sus manos.  

miércoles, 30 de octubre de 2013

Uno de mis relatos en la Web literaria "Deprisa, Deprisa"




Buenas mis chic@s, hoy estoy super contenta, mirad que enlace más chulo os voy a pasar, se trata de la web literaria "Deprisa, Deprisa" del genial Fernando Martínez Gimeno; este lunes ha publicado uno de mis relatos cortos y espero que os guste su lectura, además, os recomiendo dar una vueltecita por la web, porque todas sus entradas merecen muchísimo la pena.
Un beso para tod@s y que paséis un día estupendo!! :D

http://deprisa-deprisa.blogspot.com.es/2013/10/la-mujer-sin-nombre.html

viernes, 30 de agosto de 2013

Neil Hilborn - "OCD" (¡Imprescindible ver esta obra de arte!)








Neil Hilborn - "OCD"

Neil Hilborn recitando su poema en las Finales Individuales del Certamen de Poesía Regional de Rustbelt, 2013.

La primera vez que la vi…

Todo en mi cabeza se silenció

Todos los ticks, las imágenes constantes desaparecieron.
Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.

Incluso en la cama estoy pensando:

¿Cerré las puertas? Sí

¿Me lavé las manos? Sí

¿Cerré las puertas? Sí

¿Me lavé las manos? Sí

Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de la horquilla de sus labios.

O la pestaña en su mejilla

La pestaña en su mejilla

La pestaña en su mejilla.

Sabía que debía hablar con ella

La invité a salir seis veces en treinta segundos.

Ella dijo que sí después de la tercera,

pero ninguna de las veces que pregunté se sintió bien así que tenía que seguir haciéndolo.

En nuestra primera cita,

pasé más tiempo organizando mi comida por colores de lo que pasé comiéndola o hablando con ella.

Pero le encantó.

Le encantaba que tuviera que besarla para despedirme 16 veces, o 24 si era miércoles.

Le encantaba que me tomaba todo el tiempo caminar hacia casa porque había muchas grietas en la banqueta.

Cuando nos mudamos juntos ella dijo que se sentía segura,

como si nadie nos fuera a robar porque definitivamente había cerrado la puerta 18 veces.

Yo siempre veía su boca cuando hablaba

Cuando hablaba

Cuando hablaba

Cuando hablaba

Cuando hablaba;

Cuando me dijo que me amaba, su boca se curveaba hacia arriba en los bordes.

En la noche ella se acostaba en la cama y me veía apagar todas las luces, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas, y prenderlas, y apagarlas.

Ella cerraba los ojos y se imaginaba que los días y las noches pasaban frente a ella.

Algunas mañanas empezaba a besarla para despedirme y ella sólo se iba porque estaba haciéndola llegar tarde al trabajo.

Cuando me detenía en las grietas de la banqueta ella seguía caminando.

Cuando me decía que me amaba su boca era una línea recta.

Me dijo que estaba tomando mucho de su tiempo.

La semana pasada empezó a dormir en casa de su madre.

Me dijo que nunca debió dejarme apegarme tanto a ella; que todo esto fue un error,

pero… ¡¿Cómo podría ser un error que no tenga que lavarme las manos después de tocarla?!

El amor no es un error y me está matando que ella pueda salirse de esto y yo no.

No puedo

No puedo salir y encontrar a alguien nuevo porque siempre pienso en ella.

Usualmente, cuando me obsesiono con algo, veo gérmenes escabulléndose en mi piel.

Me veo a mí mismo siendo atropellado por una infinita línea de coches.

Y ella fue la primera cosa hermosa en la que alguna vez me he estancado.

Quiero despertar todas las mañanas pensando en la manera en la que agarra el volante.

Cómo mueve las manijas de la regadera como si estuviera abriendo una caja fuerte.

En cómo sopla las velas

cómo sopla las velas

cómo sopla las velas

cómo sopla las velas

cómo sopla…

Ahora sólo pienso en quién más está besándola.

No puedo respirar porque él sólo la besa una vez­– ¡No le importa si es perfecto!

La quiero de regreso tanto que…

Dejo la puerta sin cerrar.

Dejo las luces prendidas.


miércoles, 17 de julio de 2013

Los días trescientos



Los días trescientos



Diario del día trescientos junto a ti.

Has llegado puntual como de costumbre. Me encantan tus hoyuelos. Me siento débil y flaquean mis piernas cuando te acercas a darme el primer beso… lo echaba de menos. Me persigues escaleras arriba corriendo. Me encierro en mi cuarto y esperas suplicante tras la puerta mientras me cambio de ropa por enésima vez. “¿Dónde iremos hoy?” Te grito. “Sorpresa, princesa”. Contestas. Olvido adrede ponerme el brillo de labios, de todos modos, terminaría emborronando toda mi cara tras tus besos. Salimos abrazados de la casa y me abres la puerta del coche, despacio, como dando paso a la princesa persa que merece sutileza. Rodeas el coche con rapidez y me besas antes incluso de cerrar tu puerta. La radio de fondo se escucha a un volumen muy bajo, casi un susurro dentro de la nube que me provoca tu cercanía. Tu palma toca mi muslo y se desliza hasta la rodilla, presionas, sonríes. Te observo concentrado en el asfalto y las luces artificiales de la noche. El sonido del tráfico que nos rodea es imperceptible, la autopista brilla de naranja y blanco mientras me acaricias ahora el brazo, hasta llegar a mi mano. Entrelazamos los dedos y me dejo resbalar en el asiento, apoyando la cabeza en el respaldo y cerrando los ojos, disfrutando del olor que desprende tu piel, una mezcla de cuero, gel y after shave. Abro los ojos cuando el vehículo se para por completo. Siento el aire del exterior golpear mi rostro. Tus labios acarician mi mejilla y tu mano sobre mi brazo tira de mi cuerpo para sacarme fuera. Una cala privada se abre ante nosotros, nocturna, silenciosa, en completa calma y solitaria. Las olas golpean las rocas cercanas, producen la melodía de la banda sonora de mis sueños. Bailo interiormente a su compás. Miro fija la luna en el horizonte, aún guarda su calor, resplandece llena y nos contempla con envidia. Me abrazas por la espalda y besas el hueco tras mi oreja. Dejas llevar tus dedos por mi columna y trazas un elaborado puzzle en forma de dibujo ininteligible. Hundes tu cara en mi pelo y aspiras con fuerza, dejando ir el aliento en un suspiro que eriza el vello de todo mi cuerpo. Tus brazos rodean mi cintura y los sujeto. “No te separes”. Digo muy bajito. “Nunca”. Recibo en el oído. Intentas aflojar mi agarre y emito un gruñido inconsciente. Siento tu sonrisa en mi mejilla. Giro sobre mí misma para mirarte, contemplando el oscuro de tus ojos, el largo de tus pestañas, el calor de tus labios, la incipiente barba. El primer beso me acaricia la frente. Cierro los ojos y me dejo llevar por el calor de tu cuerpo pegado al mío, por la sensación de protección que me da tu contacto. El segundo beso choca repentino sobre mi nariz, sonoro, rápido y divertido. Mi entrecejo se frunce y abro los labios. El tercer beso acalla cualquier palabra, dejando nuestras bocas unidas. La tersura de tu piel me estremece poniéndome nerviosa. Tiemblo. Sueltas mi cintura y enmarcas mi cara con las palmas, acercando el contacto y colando la lengua en mi interior, sorbiendo mi saliva y besando cada parte con vehemencia. Las lenguas bailan despacio, en un acorde perfecto que se sincroniza con el silbido de una radio lejana. El beso se profundiza, se acentúa. Incrementando la pasión y velocidad hasta conseguir que deje de respirar. Jadeo en tu boca y curvas el gesto, satisfecho. Y sin dejar de tocar mi mejilla, bajas una de las manos por mi costado, elevándome del suelo y acoplando nuestros cuerpos, hasta que ambos encajan a la perfección. Hechos el uno para el otro.
Despierto a la mañana siguiente, esta vez han sido más de diecisiete horas junto a ti. Tiempo robado a la vida, arañando minutos poco a poco. Espero pasar pronto las horas que nos mantienen separados.

Diario del día trescientos uno junto a ti.

Las copas de los árboles son nuestro techo, las estrellas se ocultan allí arriba, pero no tengo ojos para ellas en estos momentos. Tu cuerpo bajo el mío se agita, respira, se acalora, se ensalza. Estás apoyado al tronco de un árbol caído, con las piernas separadas, y mi cuerpo entre ellas como una cómoda cuna, en la que incluso, logro escuchar una nana. Un dedo juguetón se desliza por mi clavícula y rueda por la tela del sostén, provocando que el bulto bajo la tela se endurezca y salude a su dueño. Paseas bajo la prenda la yema, pellizcando con cuidado el pezón, rodeando la aréola y tragando saliva. “Sabes que no opondré resistencia si quieres probar su sabor”. Digo, dejándolo claro. “No provoques a la bestia si no quieres sufrir las consecuencias”. Contesta rugiendo cerca de mi hombro. Le guiño un ojo y bajo el tirante del lugar donde se sujeta. Ladeo mi cuerpo y cruzo las piernas sobre sus caderas, sexo contra sexo, pantalón contra pantalón. Agarra el borde de mi suéter y besa mi cuello con lentitud, creando un camino de besos húmedos por el escote, hasta introducir parte de mi pecho en su boca sedienta y caliente. Dejo caer mi cabeza hacia atrás y jadeo excitada. Siento todas y cada una de sus succiones, sus caricias, la manera enloquecida en la que me saborea y consume. Agarro su mano y la introduzco dentro de mis pantalones, bajo las braguitas.
En la mañana despierto mojada en sudor y agradezco las dieciocho horas que me has regalado en esta ocasión. Perfecciono la técnica con los días y como todo ser hambriento, quiero más. Faltan pocas horas para nuestro próximo encuentro.

Diario del día trescientos dos junto a ti.

Aún estando en el exterior, el olor a fresas se percibe fuerte. El bol descansa entre tus piernas y cada vez que mojas una de ellas me siento infantil, pequeña. El azúcar cubre la piel rosada de la fruta y me mancha las comisuras. Limpias mis labios con tu lengua y saboreas el fruto de mi piel. El dulzor es placentero, pero su sabor no puede competir con el tuyo. Miro más allá de la baranda de tu porche, alejados del mundanal ruido y sus gentes, perdidos en nuestro espacio privado y secreto. Escucho lejanas las sirenas y el bullicio de la ciudad. Las velas iluminan las tablas de madera bajo nuestros cuerpos semidesnudos. Las sombras se reparten a nuestro alrededor y dibujan extrañas formas en las paredes de la casa. Decides apartar el cuenco y aproximar mi cuerpo al tuyo. Nos complementamos. Somos un solo ser. Retiras la escasa ropa que cubre tu piel y me tumbas con delicadeza sobre la manta de color marino. Paseas tu nariz por entre mis piernas y cuelas la lengua en mis pliegues, mientras me acaricias el vientre. Agarro tu pelo con ambas manos y enredo los dedos. Tu mirada me vigila, sonríes sobre mi entrada y dejas escapar el aire de tus pulmones, provocando un espasmo en mi organismo. “Quédate conmigo”. Me suplican tus ojos vidriosos. “No voy a parte alguna”. Intento contestar. “Quédate conmigo, por favor”. Repites suplicante. “Estoy aquí”. Quiero decir. “No me abandones, princesa”. Me exiges preocupado, levantando el tono de tu voz. Tu gesto se endurece y contrae.
Otro espasmo arremete contra mí. Tus manos empiezan a separarse de mi piel. Intento gritar. Mi cuerpo se agita involuntariamente. Te veo alejarte. Hasta que empiezo a ser consciente de lo que ocurre. “¡No, aún no!” Grito desgarrada. Mi estómago se encoge. La garganta se cierra. El corazón se para. La luz me ciega. Un pitido insufrible machaca mis oídos. La oscuridad se apodera de mí. Me marcho para siempre.
Los médicos no consiguieron reanimarme con la suficiente rapidez. La avaricia de pasar más horas junto a ti dentro mis sueños y el exceso de somníferos, te arrancaron de mi lado para siempre. Únicamente podía tenerte durmiendo.

Tras mi muerte, ya no habrá un día trescientos tres. 


miércoles, 26 de junio de 2013

Él es Jordi, Jordi Miguel Novas




Buenas tardes mis chic@s, como sé que os gusta leer y lecturas de buena calidad, os dejo el enlace a la web de un autor que ha cubierto el 80% de mis fantasías literarias (sé que te gustará esta frase, bicho)
Él es Jordi Miguel Novas y escribe como para no querer cambiar de marca estupefaciente, no digo más ^_^
Aquí una dosis, que lo disfrutéis!!


sábado, 8 de junio de 2013

En el amor




Amelie, ¿por qué lloras?
Lloro por el amor.
¿Por el amor?
Sí, porque nunca conocí un amor más puro y limpio como el que siento ahora.
Pero eso es bueno, eso es algo que todos en la vida deberían sentir.
Supongo que sí, me siento afortunada de saber que soy una de las pocas personas que han conseguido tener este sentimiento.
Y entonces, ¿por qué lloras?
Porque este amor hace que sienta dolor.
Pero el amor verdadero no debería ocasionar dolor, si no todo lo contrario, ¿no crees?
El amor verdadero es el que se sacrifica, destruyéndote a ti misma si con eso consigues que tu ser amado sea más feliz, que esté completo. Ese sacrificio te enseña que amas de verdad, porque no te importa tu propia persona, porque sabes que con cada día malo, con cada lágrima, con cada paso en la distancia, el otro estará bien, estará mejor. Es complicado, pero yo lo siento así.
¿El amor entonces es sacrificio?
Siempre, sacrificio y compromiso, decisión, valentía, devoción aunque sea en la oscuridad, admiración y sobre todas las cosas, confianza. Yo siento cada una de esas cosas y por eso me considero enamorada, por eso lo dejé ir al comprender que sería más feliz sin mí.
Definitivamente el amor hace daño.
Peor aún es no haberlo sentido nunca.
Eso creo yo también.
Entonces estamos de acuerdo.
De acuerdo, pero limpia esas lágrimas y comienza un nuevo camino.
El verdadero amor no muere, se realimenta y engrandece, no hay nuevos caminos, solo esperar que el tuyo sea lo más llevadero posible si es un amor no correspondido. 

lunes, 27 de mayo de 2013

La hora de la verdad

































(Relato inspirado en la ilustración de Hawk-619, “Jake”  
Muchas gracias por servirme de musa, artista!!  (^_^)



La hora de la verdad



Transparencia, la transparencia nunca ha sido mi mayor virtud, ni siquiera poder hablar de cosas banales cuando los demás preguntan por el clima, por el transcurso de la vida en general.
Pero aquella tarde abrí mi corazón a la mujer más especial que había conocido nunca, aquella que con tan solo un pestañeo tenía a sus pies el mundo entero. Su presencia iluminaba cualquier sala oscura, convirtiéndola en resplandor, en un brillo cegador que te dejaba anonadado.
Aquella tarde y tras pensarlo detenidamente, obedecí a mi corazón en vez de a mi cabeza, tenía que sacar el dolor que me consumía, tenía que saber si ella albergaba en su pecho un pequeño hueco donde colocarme.
Abrí la boca para un simple “Hola”, pero de repente las palabras se precipitaron desde la cornisa de mis labios…
— Hasta ahora no sabía lo que significaba estar enamorado.
Ella no dijo nada, no cambió la expresión de su rostro, no parpadeó como de costumbre abanicando con sus pestañas el dichoso aire a su alrededor. Ella no dijo nada.
Mi corazón convertido en pasa se paralizó, dejó su bombeo habitual para quedar petrificado y muerto, mi alma salió del cuerpo en estampida al sentir el dolor que se acumulaba y repartía por todo el organismo, mi alma emigró cobarde; mi mente jugó sucio y abandonó el raciocinio, secó mi boca y cuarteó mi lengua, incapaz de seguir con el discurso que durante días había planeado. Mi yo entero, murió.
Abatido como un vulgar pájaro en el campo de tiro, giré sobre mí mismo, di la espalda a la mujer que amaba y me perdí entre la maleza del bosque de mi desesperación.
Caminé durante horas, días, quizás meses, o al menos así era como sentía el tiempo en mi cabeza, pesado y lento, alargado y sin frenos, eterno.
Decidí sentarme en el porche de la entrada, junto al banco que tantas tardes nos había regalado, apoyando la espalda sobre la tabla que tantas veces acarició sus cabellos plateados, mirando al horizonte, testigo mudo del amor que durante años ella había despertado en mi persona, y ahora, ahora ya no importaba nada de todo aquello.

Os juro que no me arrepiento, he perdido la oportunidad de tenerla cerca, he perdido el futuro que dicté en mi agenda, la he perdido a ella. Pero siempre recordaré las tardes de verano a su lado, el cosquilleo en mis brazos cuando se sentaba entre mis piernas y hablábamos sin reparo. Si tenía que terminar de esta manera, prefiero que sepa que la he amado y perdido, a que siga viendo al hombre opaco que siempre he demostrado ser.
Los hombres no lloran reza la canción, mi melodía difiere de esa afirmación y los ojos encharcados vierten con desgana sus últimas lágrimas.
Miro al frente por primera vez desde mi muerte y cegado por una silueta me levanto inconsciente, tambaleándome hasta caer y quedar apoyado sobre la baranda de madera. Ella ha venido a buscarme, pero no quiero verla, necesito que mi duelo sea privado, solo mío.
— ¿Quién es ella?
Al principio no comprendo, su pregunta está incompleta.
— Dime quién es ella.
Repite y me mira con intensidad, traspasa mis retinas sin apartar la vista, casi con malicia.
Entonces lo comprendo y acercándome con cuidado le susurro cerca de los labios:
— Tú. Siempre has sido tú.  



sábado, 9 de febrero de 2013

Confusión










Confusión


 Vete, pero no muy lejos. No, no, mejor aléjate un poco, pero no para siempre. Vuelve, ahora te echo de menos, te quiero pero no te quiero. Te necesito en este momento, pero no será por mucho tiempo. Déjame, mejor así, no me permiten tenerte cerca, pero perdura a mi lado por si la cosa cambia, por si hay novedades. No quiero verte aunque lo quiera, solo desaparece y luego vuelve, cuando te lo diga, no antes, no después, no cuando creas que puedes, no cuando creas que te siento, solo cuando yo lo ordene, cuando te quiero sin quererte. 


sábado, 12 de enero de 2013

El golpe de efecto







El golpe de efecto

Llego a la azotea, donde sé que me espera. Miro alrededor mientras sujeto un par de copas de vino y sin pestañear, la encuentro. Allí, perdida entre las sombras, rozada por la luz que desprende la luna, posa sentada sobre el diván que mi antigua compañera compró en un rastrillo de barrio. Giro bruscamente con el rosado de burbujas y antes de notar la humedad en el pecho, lo siento. Ha pasado, ya es tarde para mí y ella aún no lo sabe, pero como dijo Henri Lacordaire: “El amor es como un rayo, no se sabe dónde cae hasta que ha caído”.
El vértigo bajo mis pies crece al ver en cámara lenta sus movimientos, el tiempo se paraliza y el líquido hace piruetas en el aire antes de tocar mi camisa, antes de volar su pelo, antes de asomar sus dientes tras los labios carnosos y perfectos, antes de que mi corazón, hasta ese momento desocupado, compruebe con desánimo que ya está lleno.

domingo, 30 de septiembre de 2012

A ver dónde lo coloco









A ver dónde lo coloco



Me acabo de sacar un moco, lo miro, lo remiro, da un poco de asco aunque sea mío. Me acuerdo de mi madre y su constante fobia a los pañuelos de papel, miro de nuevo el moco y ahora parece más grande, él también me mira a mí. Busco a mi alrededor sin decir nada, intento disimularlo entre la mano sin que toque mi palma, pero sé que está ahí y me está sacando de quicio, él me dice que yo le he sacado primero. Sí, ahora me habla, creo que ya sabe lo que es el oxigeno y está convirtiéndose en organismo. No quiere morir, veo su miedo y me siento culpable, pero debe entenderlo, si molesta se le desecha, pero sigo sin ver dónde colocarlo. Me acuerdo ahora de mi hermano, me miro la suela de la zapatilla, no me parece correcto pisarlo después de lo que está sufriendo, pronto morirá por la pérdida de fluidos o porque se quede reseco como un higo. Si lo coloco ahí sé que terminará esparcido por la acera, y creo que es una muerte muy poco bella. Terminará como un borrón negro que con el paso de la gente se extinguirá y ya nada de él quedará para la posteridad. Intento dejar de pensar un rato en el moco pero me sigue mirando y captando mi atención, me quema en el dedo y eso que ya está frío, poco a poco languidece, ya no tiembla, solo está ausente. Da un último suspiro y frente a mis narices aparece una mano desconocida que sujeta una tela impolutamente blanca, así, sin más, frente a mis hocicos. Sigo el recorrido de la muñeca, del brazo, del hombro hasta llegar a la cara de un joven sentado a mi lado en la parada del autobús, me sonríe y yo le sonrío, me mira y yo le miro. Creo que me acabo de enamorar y pienso en dejar el moco caer al suelo, pero el cabrón no se despega de mi dedo. El chaval de ojos verdes, pero no verdes color moco si no  mucho más oscuros, me dice que se llama Fermín y zarandea el pañuelo para que lo coja. Al final desisto y le hago caso. Introduzco a mi pequeño amigo entre el mullido colchón de florecillas bordadas y veo las iniciales “F.S.” en una esquina del trapito. No se lo devuelvo, solo le miro de nuevo y le digo que mañana a la misma hora se lo traeré limpio. Es hora de irme, el autobús ha llegado. Curiosamente, y contra todo pronostico, Fermín se levanta tras de mí y vuelvo a sacar el pañuelo de mi bolsillo, pensando que quizás sí que quiera recuperarlo de inmediato. Pero me agarra del brazo y me dice al oído: “Tal vez tenga que asegurarme de que lo lavas con cariño”

sábado, 7 de julio de 2012

Yo quisiera





 Aquí os traigo un pequeño texto erótico, espero que os guste aunque sea tan escueto ^^
Quiero daros las gracias por acompañarme siempre en este camino de letras. Ya se que estoy algo desaparecida, pero entre el libro que está por salir y otros proyectos en los que me he embarcado, no tengo tiempo ni de respirar, en un par de días tendréis una nueva sorpresa acerca de mis tareas literarias, será toda una sorpresa ^^
Besossssssssssss inmensos mis amores :D



Yo quisiera


Quisiera hacerte muchas cosas, quisiera que todas ellas no viviesen únicamente en mi imaginación.
Quisiera hacerte vibrar entre mis piernas, hacer de tus pechos flanes resbaladizos a causa del sudor que expulsara tu cuerpo.
Quisiera poder conocer a tus padres, pedirles entrar en tu sexo por el resto de mi vida, supongo, que no lo pediría con esas palabras, pero ellos lo darían por sentado.
Quisiera que tu mente desconectara todos los días unas horas, mientras tu entrepierna fuese engullida por mi lengua y saciada de mi sexo, enloquecida por mis manos y entregada al placer extremo, quisiera…
Podría morirme, ahora mismo, con tan solo esa visión. Si me concentro lo suficiente, puedo sentir como tu piel se estremece al contacto de mis huellas, puedo notar tu sexo contraerse alrededor de mi gruesa extensión.
Querría poder ofrecerte la luna o el mayor tesoro que exista, y cumplir ese ofrecimiento dándote el calor que tus frías noches necesitan.
Quisiera ser tu compañero de monótonos días, para convertirlos en pasión descontrolada… brusca acción desmedida.
Quisiera… yo quisiera ser tu todo, ser parte de tu cuerpo y llenarlo de fluidos, saliva, semen y sexo, mucho sexo.
Ahora que te veo salir de casa, lo comprendo; soy consciente de por qué no te tengo.
Si llegara a cumplir mi sueño, llegaría a la máxima potencia de felicidad, dejándome una única salida: seguir viviendo en las alturas, obsesionado solamente con la caída.

martes, 12 de junio de 2012

El combate de tu vida




   



Aquí os dejo este relato algo extraño, es una idea que surcó mi cabeza hace tiempo y que ahora le he dado forma, raro donde los haya, pero cubierto de muchos matices diferentes. Espero que os guste, besos inmensos para tod@s mis niñ@s, que ya sabeis que os adoro
(Gracias por estar siempre conmigo)





El combate de tu vida



Arrodillada sobre la tabla dura y desgastada del banco, rezaba en voz baja y dejando escapar las palabras entre sollozos y soplidos resignados. “Por favor, por favor, ayúdame. Hazme caso tan solo esta vez. Entregaré mi vida, mis actos, mis días, todo lo que poseo si miras un poco hacia mi lado…”. Melibea pegó los puños contra el respaldo del banco anterior, y siguió y siguió con las plegarias y suplicas, mientras que las lágrimas mojaban el pecho de su peto de rayas marineras.  

“Saludos desde el hotel Convención, una y media prácticamente de la madrugada, momento en el que tendrá lugar el tan esperado combate estelar de la noche, el duelo entre este hombre de calzón blanco que ven en el ring, Valerio Megidrez, colombiano afincado en Valencia desde hace un par de años, con veintiséis combates ganados, diecinueve de ellos por ko y ninguna derrota. Se verá las caras con nuestro campeonísimo boxeador Gerardo Peña, natural de Granada y bicampeón de los pesos crucero, con el calzón rojo y dispuesto a defender su titulo con uñas y dientes.”

El párroco se acercó cauteloso hacia los primeros bancos, atraído por el desgarrador ruido de alguien gimoteando. Puso la mano sobre la chica de pelo oscuro y largo, e intentando insuflar algo de confianza, apretó los dedos delicadamente en la piel desnuda del hombro de Melibea. “¿Por qué tanto pesar chiquilla, puedo ayudarte en algo?”  

“Es un hombre muy agresivo el señor Megidrez, tiene pegada dura y buen aguante, está teniendo una carrera brillante gracias a su entrenador, el antiguo peso pesado Héctor de Blas, pero no debemos menospreciar al granadino puesto que en el último año está dando mucho que hablar con tan buenos resultados, estamos seguros de que estos próximos doce asaltos serán todo un espectáculo”

Melibea alzó la cabeza para mirar fijamente al cura y con los ojos encharcados y totalmente hinchados por el llanto, pidió que la dejara unos minutos a solas con sus pensamientos. Ella mejor que nadie sabía que no la podían ayudar, a excepción del que había venido a suplicar por un poco de clemencia.

“El combate está apunto de comenzar, abróchense los cinturones porque promete ser una noche memorable” El sonido de la campana da paso al comienzo del primer round, y los dos púgiles se golpean los puños en saludo, mientras que el arbitro se retira unos pasos para dejarlos espacio. El primero en recibir un golpe es Gerardo que, tras bajar la guardia una milésima de segundo, es alcanzado por un derechazo del colombiano, luchador que no desaprovechará cualquier resquicio de duda para asestarle un fuerte puñetazo.

El cura sabe cuándo una persona necesita tranquilidad y por lo tanto decide retirarse a la sacristía, pero con la clara intención de estar pendiente, por si la muchacha necesita de sus servicios, ya sea en el confesionario o con cualquier clase de charla que consiga animarla. Melibea, muda se lo agradece con un asentimiento y vuelve a sus oraciones y ruegos personales.

“Llegamos al segundo round y ya podemos apreciar que la experiencia de Peña le precede, ha salido con animo de llevar la iniciativa y ahora empuja contra las cuerdas a su oponente, jugando sus bazas y siendo agresivo, claro que Valerio no ha salido a observar las acciones de Gerardo, intenta frenarlo con un yak de izquierda y sin dejarse intimidar por la salida en tromba del púgil granadino. Ambos campeones danzan meticulosamente, Valerio con manos secas y sin recorrido pero totalmente acertado en sus golpes, mientras que Gerardo baila esquivando y cubriéndose. Boxean motivados y ambos con muchas expectativas de victoria, hasta que se le echa encima Peña al valenciano y el colegiado tiene que separarlos, momento en el que vuelve a sonar la campaña de fin de segundo round”  

Cada palabra que exterioriza la única feligresa que ahora ocupa los asientos de la iglesia, es más y más alta, hasta que un grito desgarrado retumba el las paredes centenarias de piedra tallada. Los querubines la contemplan imperturbables, con sonrisas tiernas y ojos vacíos, las imágenes de los santos y vírgenes permanecen mudas ante tanto dolor, como vulgares espectadores a un festín de corazones rotos y sueños destrozados. Allí Melibea sufre, allí se muere por dentro y grita, vuelve a gritar que por favor se oiga su llanto.

“Quinto round y la ceja de Gerardo parece una fuente, ese derechazo del colombiano le ha dejado traspuesto unos segundos que le han restado muchos puntos, en cambio Valerio está muy entero aún, y con fuerzas renovadas vuelve a cargar contra la ceja partida del granadino. Un fuerte golpe de Peña en el hígado hace que Valerio pierda el equilibrio, parece que ya encontró su punto débil, si quiere volver a tomar el control del combate será mejor que aproveche este momento”

El techo de la cúpula del templo emite un crujido, el polvo de las figuras talladas se desliza y cae sobre el pavimento de baldosas amarillentas, mientras que Melibea sigue y sigue gritando a pleno pulmón. El párroco encerrado en la sacristía intenta abrir la puerta para ir en su busca, pensando que algo malo le tiene que pasar a aquella muchacha de ojos oscuros, pero el pomo de latón se resiste y da vueltas sobre si mismo, sin permitirle salir de la sala.

El médico revisa la cara de Gerardo y tras ponerle un poco de vaselina coagulante, decreta que puede continuar con el combate. “Séptimo round y los dos boxeadores se enzarzan en un tú a tú que no deja margen al respiro. Gerardo está acostumbrado a que muchos rivales se echen hacia atrás ante sus ataques, pero al parecer Migedrez no se lo pondrá tan fácil. Valerio le asesta un certero golpe a Peña en la mandíbula, que hace que la cabeza de éste dé un antinatural giro”

Melibea al fin obtiene respuesta, un haz de luz se cuela por el gran ventanal del retablo, resplandeciendo y despidiendo rayos de luz multicolor a causa de los dibujos de la vidriera. Es de noche y hasta entonces toda la iglesia permanecía sombría, ahora se puede contemplar con claridad cada rincón de la gran estancia santa.

Las rodillas de Gerardo tocan el suelo seguidas del torso y la cara del granadino, que con ojos blancos parece haber perdido el conocimiento. El colegiado se acerca raudo para contar y dar por ko el combate, pero al ver el rostro del púgil, avisa inmediatamente al médico para comprobar las constantes vitales del boxeador.

Una silueta dulcificada y femenina se acerca a Melibea, de ella se despide gran cantidad de energía y calor, haciendo que la chica se tenga que tapar la cara. El sacerdote sigue empujando, esta vez con embistes y golpes de hombro la puerta de madera vieja que le separa de Melibea, pero es imposible, nada parece suficiente para hacer que el estorbo ceda. Mira hacia la ventana y sabe con certeza que aun rompiendo el cristal no podrá salir por un hueco tan estrecho. Ahora que todo está en calma fuera de la sacristía, es el cura el que grita pidiendo ayuda.

El doctor certifica la muerte del boxeador después de más de cuarto de hora de reanimación asistida, las ambulancias suenan en el exterior, los asistentes y espectadores al combate han sido evacuados, y en el ring solo quedan los allegados del cadáver y algunos de los organizadores del evento. El caos y la tristeza campa a sus anchas sobre la lona cubierta de sangre.

Melibea siente como un hierro al rojo vivo le toca la mejilla, quemándole la piel y regalándole una tranquilidad aplastante dentro de su corazón. Escucha las palabras del ente misterioso y queda cautivada por la angelical y melódica voz que éste posee: “Dime qué es lo que tanto quieres”. Melibea se agarra fuertemente de aquel cuerpo, palpando el lugar exacto donde debería estar la cintura del ser divino que tiene en frente. Las palmas de las manos le arden como si agarrase ascuas recién sacadas de una hoguera y sin saber si puede o no hablar, pronuncia las palabras que tanto ha gritado esa noche. “Te doy mi vida si me devuelves la suya”

Nota de prensa: “El combate tan esperado del sábado noche en el hotel Convención, donde se batirían en duelo pugilístico Valerio Migedrez y Gerardo Peña, ha sido cancelado por motivos de seguridad, unos temblores han provocado grietas en el edificio y por esa misma causa han decidido poner en revisión la zona, por lo que se retrasará el evento un par de semanas hasta encontrar un nuevo auditorio para su celebración. Ambos boxeadores han expresado su descontento, no obstante entienden el motivo de cancelación y asumen la demora del combate”
“El párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, encontró muerta dentro de su iglesia a una joven de veinticinco años, ciertas partes de su cuerpo estaban calcinadas. La investigación apunta al mismo sacerdote como culpable del crimen, ya que la iglesia estaba cerrada por dentro en el momento del asesinato”

domingo, 29 de abril de 2012

Mi último concierto




Mi último concierto



Era la primera vez que conseguía entradas de uno de sus conciertos, incluso había recorrido más de cuatrocientos kilómetros para poder asistir a tal espectáculo sobrecogedor.
Yo estaba situado en primera fila agarrado de las vallas de contención, cuando se apagaron las luces principales iluminándose solo el centro del escenario, como cuando el mundo solo mira un acontecimiento y todo deja de existir para que puedas contemplar la luz al final del túnel.
Allí, al fondo y tras los instrumentos emergía una plataforma circular, en ella la silueta de una mujer se dibujaba de espaldas, ocultando su rostro al mundo. Millones de expectantes admiradores contenían el aliento para oír sus bellas notas, para degustar su dulce voz, para disfrutar del hipnotizante deseo que despertaban sus curvas generosas y perfectas.
La música empezó a sonar al tiempo que la plataforma rodaba acercándose al borde del escenario.
La cantante, con un vestido de satén blanco de espalda descubierta, alzó las manos al cielo y empezó a tararear la melodía que el piano dictaba, ocasionando que los oyentes aplaudieran al oír por primera vez en directo su valiosa voz.
El foco que la iluminaba desde arriba perdió intensidad, apaciguando el ambiente y creando una atmosfera de sensualidad que acompañaba sus palabras.
Yo, con el corazón encogido al reconocer la balada, decidí bajar la cabeza y ocultar la cara tras mis manos temblorosas. En esos momentos lo supe, no sería lo mismo escucharla en la soledad de mi cuarto que ante tanto público enfebrecido.
Y la letra al fin retumbó en el gran anfiteatro:


“De nuevo vuelves…
Pronosticaste nuestra historia como algo bello y hermoso,
conseguiste que creyera tus palabras con tan solo una mirada,
desgarraste mi corazón para poder meterte dentro, sin compasión, sin tiento.
Y ahora… de nuevo vuelves.
Mantuvimos nuestros cuerpos unidos por el fuego y el deseo,
concentramos la energía embestida tras embestida,
susurraste mil veces que jamás te perdería, lo hiciste sin compasión, sin tiento.
Vuelves… de nuevo vuelves.
Aquella tarde fugaz jugaste con mi cuerpo dolorido y hambriento,
sigiloso me enseñaste a querer más piel, más besos sobre mi sexo,
disfrutamos de espasmos y orgasmos, me los regalaste sin compasión, sin tiento.
Y ahora… de nuevo vuelves.
Mis senos siempre te pertenecieron, al igual que todo mi cuerpo,
te apropiaste de ellos mientras con gula bebías de mi centro,
todo aquello lo hiciste sin amor, siempre sin compasión, siempre sin tiento.
Vuelves… de nuevo vuelves.
Destrozaste mis sueños adolescentes, mi futuro contigo feliz y perfecto,
corrompiste mi mente obsesionada en buscarte, loca desesperada,
anhelante de tenerte cerca, de disfrutar otra vez tu sexo, sin compasión y sin tiento.
De nuevo vuelves…”


En la última estrofa levanté la vista para contemplar como por fin se daba la vuelta, alargando la nota final del estribillo mientras las lagrimas recorrían mi rostro, y el corazón bombeaba encolerizado queriendo salir a buscarla.
Recibió ensordecedores y merecidos aplausos, vítores que la henchían de orgullo por el éxito que desde hacía meses estaba teniendo en el mundo de la música. Entonces dobló su cintura en una grácil reverencia perfecta, y al levantar la mirada la cruzó conmigo un segundo. Me había reconocido.
Se acercó al borde del escenario y sin palabra alguna, ni gesto, ni compasión o tiento, me escupió, para después salir rápidamente corriendo.
Aquella nuestra canción no era de esperanza, si no de traición y reproche. Descubrí en aquel momento que efectivamente, hacía años que la había perdido.