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martes, 12 de junio de 2012

El combate de tu vida




   



Aquí os dejo este relato algo extraño, es una idea que surcó mi cabeza hace tiempo y que ahora le he dado forma, raro donde los haya, pero cubierto de muchos matices diferentes. Espero que os guste, besos inmensos para tod@s mis niñ@s, que ya sabeis que os adoro
(Gracias por estar siempre conmigo)





El combate de tu vida



Arrodillada sobre la tabla dura y desgastada del banco, rezaba en voz baja y dejando escapar las palabras entre sollozos y soplidos resignados. “Por favor, por favor, ayúdame. Hazme caso tan solo esta vez. Entregaré mi vida, mis actos, mis días, todo lo que poseo si miras un poco hacia mi lado…”. Melibea pegó los puños contra el respaldo del banco anterior, y siguió y siguió con las plegarias y suplicas, mientras que las lágrimas mojaban el pecho de su peto de rayas marineras.  

“Saludos desde el hotel Convención, una y media prácticamente de la madrugada, momento en el que tendrá lugar el tan esperado combate estelar de la noche, el duelo entre este hombre de calzón blanco que ven en el ring, Valerio Megidrez, colombiano afincado en Valencia desde hace un par de años, con veintiséis combates ganados, diecinueve de ellos por ko y ninguna derrota. Se verá las caras con nuestro campeonísimo boxeador Gerardo Peña, natural de Granada y bicampeón de los pesos crucero, con el calzón rojo y dispuesto a defender su titulo con uñas y dientes.”

El párroco se acercó cauteloso hacia los primeros bancos, atraído por el desgarrador ruido de alguien gimoteando. Puso la mano sobre la chica de pelo oscuro y largo, e intentando insuflar algo de confianza, apretó los dedos delicadamente en la piel desnuda del hombro de Melibea. “¿Por qué tanto pesar chiquilla, puedo ayudarte en algo?”  

“Es un hombre muy agresivo el señor Megidrez, tiene pegada dura y buen aguante, está teniendo una carrera brillante gracias a su entrenador, el antiguo peso pesado Héctor de Blas, pero no debemos menospreciar al granadino puesto que en el último año está dando mucho que hablar con tan buenos resultados, estamos seguros de que estos próximos doce asaltos serán todo un espectáculo”

Melibea alzó la cabeza para mirar fijamente al cura y con los ojos encharcados y totalmente hinchados por el llanto, pidió que la dejara unos minutos a solas con sus pensamientos. Ella mejor que nadie sabía que no la podían ayudar, a excepción del que había venido a suplicar por un poco de clemencia.

“El combate está apunto de comenzar, abróchense los cinturones porque promete ser una noche memorable” El sonido de la campana da paso al comienzo del primer round, y los dos púgiles se golpean los puños en saludo, mientras que el arbitro se retira unos pasos para dejarlos espacio. El primero en recibir un golpe es Gerardo que, tras bajar la guardia una milésima de segundo, es alcanzado por un derechazo del colombiano, luchador que no desaprovechará cualquier resquicio de duda para asestarle un fuerte puñetazo.

El cura sabe cuándo una persona necesita tranquilidad y por lo tanto decide retirarse a la sacristía, pero con la clara intención de estar pendiente, por si la muchacha necesita de sus servicios, ya sea en el confesionario o con cualquier clase de charla que consiga animarla. Melibea, muda se lo agradece con un asentimiento y vuelve a sus oraciones y ruegos personales.

“Llegamos al segundo round y ya podemos apreciar que la experiencia de Peña le precede, ha salido con animo de llevar la iniciativa y ahora empuja contra las cuerdas a su oponente, jugando sus bazas y siendo agresivo, claro que Valerio no ha salido a observar las acciones de Gerardo, intenta frenarlo con un yak de izquierda y sin dejarse intimidar por la salida en tromba del púgil granadino. Ambos campeones danzan meticulosamente, Valerio con manos secas y sin recorrido pero totalmente acertado en sus golpes, mientras que Gerardo baila esquivando y cubriéndose. Boxean motivados y ambos con muchas expectativas de victoria, hasta que se le echa encima Peña al valenciano y el colegiado tiene que separarlos, momento en el que vuelve a sonar la campaña de fin de segundo round”  

Cada palabra que exterioriza la única feligresa que ahora ocupa los asientos de la iglesia, es más y más alta, hasta que un grito desgarrado retumba el las paredes centenarias de piedra tallada. Los querubines la contemplan imperturbables, con sonrisas tiernas y ojos vacíos, las imágenes de los santos y vírgenes permanecen mudas ante tanto dolor, como vulgares espectadores a un festín de corazones rotos y sueños destrozados. Allí Melibea sufre, allí se muere por dentro y grita, vuelve a gritar que por favor se oiga su llanto.

“Quinto round y la ceja de Gerardo parece una fuente, ese derechazo del colombiano le ha dejado traspuesto unos segundos que le han restado muchos puntos, en cambio Valerio está muy entero aún, y con fuerzas renovadas vuelve a cargar contra la ceja partida del granadino. Un fuerte golpe de Peña en el hígado hace que Valerio pierda el equilibrio, parece que ya encontró su punto débil, si quiere volver a tomar el control del combate será mejor que aproveche este momento”

El techo de la cúpula del templo emite un crujido, el polvo de las figuras talladas se desliza y cae sobre el pavimento de baldosas amarillentas, mientras que Melibea sigue y sigue gritando a pleno pulmón. El párroco encerrado en la sacristía intenta abrir la puerta para ir en su busca, pensando que algo malo le tiene que pasar a aquella muchacha de ojos oscuros, pero el pomo de latón se resiste y da vueltas sobre si mismo, sin permitirle salir de la sala.

El médico revisa la cara de Gerardo y tras ponerle un poco de vaselina coagulante, decreta que puede continuar con el combate. “Séptimo round y los dos boxeadores se enzarzan en un tú a tú que no deja margen al respiro. Gerardo está acostumbrado a que muchos rivales se echen hacia atrás ante sus ataques, pero al parecer Migedrez no se lo pondrá tan fácil. Valerio le asesta un certero golpe a Peña en la mandíbula, que hace que la cabeza de éste dé un antinatural giro”

Melibea al fin obtiene respuesta, un haz de luz se cuela por el gran ventanal del retablo, resplandeciendo y despidiendo rayos de luz multicolor a causa de los dibujos de la vidriera. Es de noche y hasta entonces toda la iglesia permanecía sombría, ahora se puede contemplar con claridad cada rincón de la gran estancia santa.

Las rodillas de Gerardo tocan el suelo seguidas del torso y la cara del granadino, que con ojos blancos parece haber perdido el conocimiento. El colegiado se acerca raudo para contar y dar por ko el combate, pero al ver el rostro del púgil, avisa inmediatamente al médico para comprobar las constantes vitales del boxeador.

Una silueta dulcificada y femenina se acerca a Melibea, de ella se despide gran cantidad de energía y calor, haciendo que la chica se tenga que tapar la cara. El sacerdote sigue empujando, esta vez con embistes y golpes de hombro la puerta de madera vieja que le separa de Melibea, pero es imposible, nada parece suficiente para hacer que el estorbo ceda. Mira hacia la ventana y sabe con certeza que aun rompiendo el cristal no podrá salir por un hueco tan estrecho. Ahora que todo está en calma fuera de la sacristía, es el cura el que grita pidiendo ayuda.

El doctor certifica la muerte del boxeador después de más de cuarto de hora de reanimación asistida, las ambulancias suenan en el exterior, los asistentes y espectadores al combate han sido evacuados, y en el ring solo quedan los allegados del cadáver y algunos de los organizadores del evento. El caos y la tristeza campa a sus anchas sobre la lona cubierta de sangre.

Melibea siente como un hierro al rojo vivo le toca la mejilla, quemándole la piel y regalándole una tranquilidad aplastante dentro de su corazón. Escucha las palabras del ente misterioso y queda cautivada por la angelical y melódica voz que éste posee: “Dime qué es lo que tanto quieres”. Melibea se agarra fuertemente de aquel cuerpo, palpando el lugar exacto donde debería estar la cintura del ser divino que tiene en frente. Las palmas de las manos le arden como si agarrase ascuas recién sacadas de una hoguera y sin saber si puede o no hablar, pronuncia las palabras que tanto ha gritado esa noche. “Te doy mi vida si me devuelves la suya”

Nota de prensa: “El combate tan esperado del sábado noche en el hotel Convención, donde se batirían en duelo pugilístico Valerio Migedrez y Gerardo Peña, ha sido cancelado por motivos de seguridad, unos temblores han provocado grietas en el edificio y por esa misma causa han decidido poner en revisión la zona, por lo que se retrasará el evento un par de semanas hasta encontrar un nuevo auditorio para su celebración. Ambos boxeadores han expresado su descontento, no obstante entienden el motivo de cancelación y asumen la demora del combate”
“El párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, encontró muerta dentro de su iglesia a una joven de veinticinco años, ciertas partes de su cuerpo estaban calcinadas. La investigación apunta al mismo sacerdote como culpable del crimen, ya que la iglesia estaba cerrada por dentro en el momento del asesinato”

6 comentarios:

Leila dijo...

Vale, te voy a hacer una petición.. jajaja queremos libro recopilatorio de tus escrito ya jajajaja.

Me encantó reina, ya lo sabes ;)

Besos y buena semana.

Beauséant dijo...

muy bien intercaladas las partes.. y como buen relato, al final paga las culpas el pobre cura que simplemente pasaba por allí y nada tenía que ver con los tratos de los mortales y sus dioses...

(la gran estancia santa me suena un poco forzado, pero quizás sea cosa mía, espero que no te moleste)

jose manuel rodriguez blanco dijo...

HOLA IRENE

SUPONGO QUE AHORA ESTARÁS ESCRIBIENDO.

CUANDO TERMINES PÁSATE A RECOGER

UN SALUDO CARIÑOSO

DE: jorobla motril

Igor dijo...

¡Qué romántico! Un buen montaje en paralelo. Y algo que me ha encantado, cómo juegas con el tiempo, convirtiendo el presente en hipotético. Eso lo hacía los japos en su literatura fantástica, alterar el tiempo. Te descoloca.
Y la falta de un marco claro, de referencias le da un no sé qué de intemporal.
Besos.

Marcos DK dijo...

Un relato interesante y curioso. Deja la puerta abierta a múltiples valoraciones sobre el concepto de justicia divina. Irónico y magnífico ;-)

Rosa de los Santos dijo...

ERES LO MEJOR QUE ESCRIBE POR AQUÍ ... ÁNIMO NENA , QUE EL MUNDO ES TUYO !!
BESOS Y PREMIO EN MI BLOG !