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viernes, 14 de septiembre de 2012

De nombre, quizás, María




Foto de portada de Karol Scandiu (gracias mi vida, me encanta), texto mío XDD




De nombre, quizás, María




La blusa cayó al suelo y el resto de ropa le siguió la pista, hasta que María (no era su verdadero nombre) dejó con la boca abierta al hombre frente a ella.
Marcelo (otro nombre inventado) movía lentamente la mano entre sus piernas (las de él, no las de ella) y ensalzó la zona un poco más de lo que ya lo había hecho la imagen de aquella mujer de cuerpo imposible y perfecto.
Después de media hora de voces y chapoteos, de gritos y bramidos enfermizos, él descargó su semen sobre la espalda de María, mientras ella intentaba no pensar demasiado en lo que vendría después.
Ahogó el grito de dolor contra las sábanas, dejó que su rimel se fundiera, como borrón de parvulario, sobre el algodón que cubría las manchas de otros días y otros cuerpos; aplastó sus pechos enrojecidos contra el colchón de muelles flojos, mientras sentía su trasero palpitar por las embestidas de aquel energúmeno.
María no dijo adiós, María solo quería regresar a casa lo antes posible. María estaba jodida por dentro y brillante por fuera, hundida en el centro y descolorida entre las piernas. María ya no podía morirse porque estaba muerta.
Marcelo escupió en sus zapatos de tacón barato y lanzó con desprecio los doscientos euros acordados sobre la mesilla de plástico. La miró un segundo eterno y le dijo que volvería en cuanto pudiera reunir más dinero.
Aquella noche María durmió en la bañera, con cuatro dedos de agua bajo su cuerpo, la piel gris y los labios negros.


2 comentarios:

Emilio José Pazos dijo...

Pues sí, este es uno de los grandes males de estas prácticas, no poner rostro ni nombre al dolor.
Me gusta que quisiese captar eso en el título.

Un saludo.

Iván Silvero Salgueiro dijo...

Fuerte, real y fuerte.