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viernes, 18 de febrero de 2011

Concurso "El bien y el mal" Entre el bien y el mal (Por Mar Cullen Black)

Continuamos con el siguiente concursante y recordar que las opiniones y comentarios a cerca de los relatos participantes sean constructivos, de buen gusto y con respeto.

En la cabecera del blog encontraréis el resto de relatos ya publicados, por si os habéis perdido alguno.

Ahora a leer y disfrutar

Muchos besos




Entre El Bien Y El Mal (Mar Cullen Black)




Afueras de la mansión Brandon.

Santiago vio correr a esa muchacha lejos de él cuando Camille le dijo Dios Desterrado, para tener dieciséis años, se comportaba como una chiquilla de seis. Pero aun así, le encantaba. En realidad, si no fuera porque siempre está acompañada, la tomaría en ese mismo momento.

Había sido desterrado del Reino hasta que lograra controlar sus “pensamientos y actos lujuriosos”, entonces podría volver. Lo malo era que él no quería cambiar eso, le encantaba hacer sufrir a la gente, sobre todo por medio del sexo y aún más a las mujeres, pero también le encantaba satisfacerse, sin embargo solo a él… a nadie más.

Su padre, el Dios de la Guerra, mejor conocido como Marte, le dio un ultimátum dándole a elegir, o cambiaba su actitud, nada digna de tan respetable Dios, o ser desterrado con Ádes, el Dios del Inframundo y permanecería ahí toda la eternidad. Sinceramente, prefería pasar la eternidad con Ádes que cambiar sus oscuros deseos. O simplemente quedarse en tierra mortal, sin poderes ni magia. Santiago acepto lo tercero.

James Brandon vio como Santiago cayo, al igual que la marca del rayo en el cielo desgarrado, con una lluvia imperiosa, cuando Santiago le explico su historia, él le creyó. Con ver cómo caía Santiago del cielo desgarrado, y sobrevivía, sin ningún hueso roto, o muerto, era suficiente motivo para creer en él. Brandon le había ofrecido refugio. Pero solo si él aceptaba no se acercara a su hija.

Santiago había aceptado eso… pensando que su hija no estaría tan… buena. Pero al verla… Wow! Fue casi imposible acercarse a ella, sin la lujuria brillando en sus ojos y no querer tomarla ahí mismo, frente a sus padres y molesto hermano menor.

Cuando le tomo la mano y saludo “cordialmente” con un beso en la mejilla, sintió una corriente eléctrica, pero la ignoro porque más le valía hacerse amigo de ella… y no perder la confianza del señor Brandon. Puesto que terminaría por vivir en la calle.

- vaya, sí que he cambiado mucho desde que estoy aquí, no padre?- replico furioso al cielo, obteniendo por respuesta un trueno, estaba que ardía de la ira, se tenía que desquitar con alguien y quien mejor que la pobre e inocente Camille Brandon.

Los señores Brandon estaban fuera, al igual que el resto del personal… bueno, tal vez ya estaban dormidos… pasaban de las doce de la noche… que mejor momento que ir ahora por ella?
La suerte estaba de su lado, no había nadie en el vestíbulo, encontró a Camille en la puerta, temblando de… frío? Tal vez.

- porque tan solita aquí, Camille?- dijo con voz seductora, tal vez había perdido los poderes, pero no la práctica. Y ella… ella solo era una chiquilla cachonda estúpida. Camille se sobresaltó ante la voz de Santiago.

- y a ti que te importa?- replico bruscamente de espaldas aun, Elizabeth le había dicho que ese tipo era malo… sencilla y simple maldad, con solo ver sus ojos escarlata, era suficiente motivo para salir despavorido de ahí. Aunque sabía muy bien usar su belleza. Se secó discretamente las lágrimas y se volteó… para encontrarse con el cuerpo musculoso de Santiago a solo un centímetro de ella. El pelinegro sonrió ante la reacción de Camille.

- pues, siempre te veo acompañada, es raro verte solita -Camille podía sentir el dulce aliento de Santiago en su rostro.- pero ahora dime que haces aquí sola y- fijo su mirada en las mejillas con rastros de lágrimas- llorando?

- no estoy llorando!- dijo, llevándose una mano a la mejilla.- bueno, tal vez un poco

- un poco?- Santiago rió entre dientes- parece que lloraste todo un río.
Ella se echó a reír.

- por Dios! Esa frase es de una canción!- exclamo divertida la muchacha. No se quería alejar del cuerpo del chico, por muy Dios Desterrado que fuera, estaba como quería! Eso lo tenía que admitir. El chico sonrió con sorna, adivinando sus pensamientos.

- muy bien… dime, de cuál es?- Santiago se acercó más a ella.

- me intentas seducir, Dios Desterrado?- le provoco Camille, esas solas palabras irritaron a Santiago más que nunca. Frunció los labios con repugnancia. Eso era lo que más odiaba de los mortales, el sentirse superiores a ellos.

- no me vuelvas a hablar así!- le advirtió, sujetándola del brazo fuertemente, Camille se sorprendió, no por la corriente eléctrica que le recorrió el cuerpo, sino por la fuerza sobrehumana con la que le apretaba el brazo.

- suéltame, que me lastimas!- le grito, forcejeo un poco con él, haciendo que sus cuerpos chocaran.

Santiago dejo de forcejear y rodeo con los brazos la cintura de Camille, la respiración de ella se tornó entrecortada. Los labios de Santiago estaban muy cerca de los de suyos. Cerró los ojos y sintió sus labios en los de ella. El beso comenzó dulce y tierno, pero después se convirtió en algo apasionado. El estruendo de un rayo los hizo sobresaltar, Santiago sonrió con maldad sobre los dulces labios de ella, este sería el castigo de los Dioses, disfrutar de la carne mortal sin importar nada, lastimarlas, satisfacerse, solo disfrutar, como lo hacía con las hijas de Aprodithe. Y empezaría con esta dulce niña…

Otro rayo retumbo en la habitación, mientras llovía con más fuerza, cerró la puerta principal y se la llevó a su habitación, sin romper el beso cerró con llave, lo bueno era que el señor Brandon le había dado una habitación lejos de las del servicio y de las principales. Así nadie oiría los gritos de Camille, pensó con malicia. La acostó en la cama, lentamente.

Santiago se quitó la camisa, sacándose los botones uno por uno, lentamente, cuando al final su pecho quedó al descubierto, Camille paso una mano por él. Sintió como Santiago la despojaba de su camisa ceñida, resaltando sus curvas. Santiago también le bajo los leggins negros y solo la dejo en ropa interior, se apoyó en sus rodillas y se bajó los jeans, junto con los boxers, Camille abrió mucho los ojos al ver la gran virilidad de Santiago, se puso nerviosa al instante, pero todo ese nerviosismo desapareció cuando Santiago se recargó sobre ella, apoyando su erección en el vientre bajo de Camille.

Camille gimió de placer, había tenido novios antes, pero nunca había llegado a segunda base, no había pasado de caricias y besos. Se dejó llevar y dejo que Santiago le diera un salvaje beso en los labios, incitándola a que abriera la boca, la lengua de él exploro toda su boca, y sus lenguas bailaron al unísono en un salvaje baile. Los dedos de él fueron a los pechos de Camille y acaricio los pezones por encima de la prenda, endureciéndolos al momento, su boca dejo la de ella y bajo a sus pechos, sus manos se deshicieron del sujetador, con un suave “track”, su boca jugo con los endurecidos pezones de ella, dejándolos rozados y más duros. Sin tregua alguna, la boca de Santiago bajo al vientre de Camille, besando y chupando todo a su paso. La despojó de sus braguitas azules y las aventó por ahí, en algún lugar de su recamara. Acaricio con la boca los suaves rizos rubios, y lamió el centro de Camille, dejando que esta gritara de placer, no supo el por qué, pero lamió más profundo, la penetro con la lengua unas cuantas veces, hasta que Camille grito de placer y soltó sus jugos en la boca de Santiago, quien se relamió los labios, gustoso, se volvió a recargar sobre ella y la beso en los labios.

Santiago bajo su mano a la entrada de Camille y la penetro con un dedo, verificando que estaba aun mas mojada. Al ver que Camille soltaba un gemido de placer, la penetro con otro dedo, una y otra y otra vez, hasta que sintió las paredes de ella tensarse en sus manos y recibir su segundo orgasmo, con otro grito de placer, sonido que quedo ahogado por la furiosa lluvia. Él sonrió con maldad, sabía que eso enojaría a los Dioses, así que siguió con su juego. Le paso una mano por las nalgas y le dio una pequeña palmeada.

La lluvia parecía no tener fin y Santiago sabía él porque, se paró y puso a Camille junto con él, de rodillas y de espaldas a él. Pego sus cuerpos y paso una mano por el trasero de la rubia. Tengo que lubricarte primero sino dolerá, pensó, más no se lo dijo. Paso un dedo por la entrada de la chica y la penetro, una y otra vez, hasta que Camille volvió a sentirse extasiada y dejando que sus jugos bañaran la mano de Santiago, con su mano mojada, Santiago se la pasó por su erección, y por medio de las nalgas de Camille, poco a poco su pene fue entrando en la muchacha, quien se sintió incomoda y le dolió un poco, ahogo un grito cuando Santiago entró completamente en ella, esto ya no le gustaba, se quiso separar de él, pero lo único que logro fue que Santiago entrara más profundamente en ella, lágrimas de dolor le surcaron el rostro, era demasiado, Santiago se empezó a mover dentro de ella, embistiéndola con salvajismo. Gritos de dolor se escapaban de sus labios.

- silencio!-

Santiago le tapó la boca con la mano y la penetro más profundamente, las rodillas le temblaban y se quería derrumbar. Cuando Santiago se vino dentro de ella y salió, Camille cayó en la cama boca abajo y empezó a llorar silenciosamente.

Aun no estaba satisfecho, se dijo Santiago, al ver como Camille caía en la cama, arqueo una ceja, no fue tan malo… bueno, nada que no se pudiera aguantar, suspiro pesadamente, la lluvia no paraba, eso fue todo lo que necesito saber para volver a voltear a Camille, dejarla boca arriba y recostarse sobre ella, para volverla a penetrar esta vez, sin ninguna atención, ella grito de sorpresa y dolor, al sentir la fina tela desgarrase, sin dejar que Santiago viera sus lágrimas, ya no tenía fuerzas para luchar… sintió nuevamente como, al poco rato, Santiago se vino… esta vez si dejo a Camille en paz

- porque?- pregunto en un susurro.

- por qué, qué?

- porque tuviste que ser tan salvaje?- las lágrimas asomaron otra vez sus ojos azules

- te dolió?- pregunto inocentemente, ella asintió.- Querida, te dije que dolería, no digas que no te lo advertí.

- sí, pero…

- pero nada- la interrumpió Santiago de repente de mal humor.

- al menos, pudiste esperar a que se me pasara el dolor.- le recriminó Camille llorando.

Por un momento, Santiago sintió compasión, pero aventó ese sentimiento lejos y trato de mostrar indiferencia.

- lo siento, pero así es la primera vez.- le dijo él. Camille negó con la cabeza, busco su ropa y se la puso.

- Eli tiene razón, eres un Dios Desterrado incapaz de sentir amor por alguien que no seas tú mismo,- le dijo ya en la puerta, con voz y rostro sombrío- que estúpida fui al pensar que podías ser bueno o al menos sentir amor a por mí, me equivoque.- y salió corriendo de la habitación dejando a un Santiago pensativo

¿De verdad Santiago era tan incapaz de no pensar en alguien más que en él mismo? ¿De verdad podría amar a una simple mortal? ¿Podía sentir amor, su oscuro y negro corazón? Entre el bien y el mal… ¿que prefería él?
¿Qué era mejor para él y para todos?
¿El bien? O… ¿El mal?

Esa, sería una pregunta que estaba seguro encontraría con Camille a su lado y su lujuria y poder siempre con él
Bueno, al parecer siempre estaría entre el bien y el mal…

FIN o… ¿CONTINUARÁ?
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