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viernes, 19 de septiembre de 2014

Cómo hacer feliz a mi niño

Hace un año y medio, más o menos, mi hijo y yo vimos una estrella fugaz, y me preguntó si podía pedir un deseo. Por supuesto le dije que sí, que deseara lo que él quisiera.
Durante una semana entera ideé mil tretas para sonsacarle qué era lo que había pedido, pero se negaba a decírmelo porque, según él, si lo contaba no se cumpliría.
Como cualquier madre (supongo), una siempre quiere que sus hijos cumplan todos sus deseos, por muy grandes o pequeños que sean; y después de rogarle mucho, una noche me lo contó.
Mi niño quería que su muñeco favorito cobrara vida.
Os imaginaréis mi cara de espanto, eso no se lo podía dar y además tenía que explicarle que nunca sucedería.
Lo hice de la manera más delicada y cariñosa que pude, y aún así se puso a llorar como una magdalena. Acababa de romper sus ilusiones.
Le dije que el destino obraría un milagro y a lo mejor un día se llevaba una sorpresa, pero él no me creyó del todo.
A los pocos días, al subir a su cuarto para dormir, me llamó a voces.
— ¡Mamá, sube, corre!
Subí deprisa para ver qué pasaba y me lo encontré de rodillas junto a la cama. Sobre ella había un gran paquete envuelto con papel de regalo y con su muñeco favorito encima.
— Hoy no es mi cumple, ¿ese regalo es para mí?
— Pues no lo sé, yo no te he comprado ningún regalo. Ábrelo para ver de qué se trata.
— ¡Alguien a entrado en mi habitación!
Lo tranquilicé y le dije que lo abriera, que yo estaba a su lado y no le pasaría nada malo.
Dentro del paquete había un disfraz de su muñeco, de la talla exacta de mi hijo.
— Lo ves, tu juguete no puede cobrar vida, pero ahora serás tú el que le dé vida disfrazándote de él.
Nunca olvidaré su cara de ilusión y lo feliz que se puso en ese momento.
Hemos tenido algunas discusiones para que me dejara lavar el traje cuando lo requería, pero por lo demás todo salió bastante bien.


A los hijos no les podemos dar todo lo que piden, pero a veces la magia aparece ante nosotros.  



(Reconozco que tengo mucha imaginación, de ahí que me guste escribir. Me pareció increíble que mi hijo en su inocencia creyera posible que se cumpliera un deseo así (al más puro estilo Toy Story) y como me daba rabia no poder cumplir su sueño, me empecé a romper la cabeza para ver cómo lo podía solucionar, lo del disfraz fue un acierto 
Los padres lo tenemos complicado siempre, tenemos que bregar con dos cosas totalmente opuestas: mostrar a nuestros hijos cómo es la vida en realidad y al mismo tiempo, no quitarles la ilusión de la magia que se tiene de pequeño (como pueden ser los Reyes Magos o el ratoncito Pérez) Ya tendrá tiempo de ver que la vida es más complicada, de momento quiero que sueñe con historias maravillosas.)

1 comentario:

Igor Kutuzov dijo...

Ah, ahí has dejado correr tu lado tierno. Es un bonito relato y también una enseñanza.
Besos.