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domingo, 10 de abril de 2011

"Genesis" Parte 8 (Todo se desmorona (II) )

"Genesis" Parte 8 (Todo se desmorona (II) )

NOTA:Aqui la continuación de esta maravillosa historia, su autor (Sergio) ha sido muy amable al dejarme publicarla, gracias y que todos la difruteis.

Los primeros capitulos los encontrareis en la columna de la derecha



Genesis (Parte 8)


Todo se desmorona (II)



La fiereza del ataque cogió por sorpresa a Ivan, que esquivó a duras penas, si no llega a ser por sus nuevos y mejorados sentidos y por la superioridad que le proporcionaba estar en una posición más elevada que su contrincante, la estocada le habría cercenado una pierna.

Aún así, la espada bastarda del herrero le abrió un feo corte en el muslo derecho por el que asomó el hueso y del que no salió sangre debido a que su corazón había dejado de latir el día que Liseta le dio el abrazo.

Iván calló hacia atrás por la fuerza de la embestida del hombre y quedó tumbado boca arriba en los escalones de piedra desgastada de la escalera.

Otro de los aldeanos, un tipo moreno y de tez hirsuta con ropas de leñador, rodeo por la derecha al herrero y le asesto un hachazo descendente que abría partido en dos a cualquier hombre.

Pero Ivan no era como cualquier hombre, con la velocidad nacida de sus poderes oscuros sacó a Niebla de su funda y consiguió parar el golpe, trabando el hacha del leñador con la guarda en forma de alas de halcón de su espada mientras de una patada mandaba rodando escaleras abajo al herrero.

Ivan se concentró e invocó los nuevos poderes que había adquirido y que Liseta le había enseñado a utilizar, llamó a las sombras desde el fondo de su mente y estas acudieron con presteza a su llamada. Seleccionó mentalmente una zona oscura junto al aldeano, y de esta surgió un tentáculo de sombras más oscuro que el propio corazón sin vida de su amo.

A una orden mental suya, el zarcillo de oscuridad se enrolló con fuerza al cuello del hombre y lo levantó del suelo con facilidad.

Una risa histérica y carente de humanidad brotó de la garganta de Ivan mientras el zarcillo aumentaba la presión en el cuello del aterrorizado hombre.

El leñador pataleó desesperado mientras boqueaba intentando coger algo de aire y su rostro se tornaba cada vez mas morado.

Los pies del hombre dejaron de moverse cuando su cuello se partió, con un sonido espeluznante, bajo la presión del tentáculo de Ivan.

Mientras tanto Ivan consiguió incorporarse a duras penas y volver a rastras al pasillo.

La aparición del zarcillo había amedrentado al resto de aldeanos que se agolpaban al lado del cadáver de su compañero sin atreverse a avanzar. Aún así sus rostros seguían expresando el mismo odio y determinación que cuando entraron por las puertas del castillo. Algunos, asustados, hicieron el signo de la cruz, y otros incluso huyeron escaleras abajo. Pero el herrero no estaba dispuesto a abandonar la lucha tan fácilmente. De improviso lanzó la antorcha que portaba contra el zarcillo de sombras, el fuego alcanzó el tentáculo de sombras quemándolo y provocando que este se encogiese sobre sí mismo con un siseo hasta desaparecer.

Iván sintió la quemadura del tentáculo como si le hubiesen quemado a él mismo, el tormento era insoportable y no pudo evitar retorcerse en el suelo y gritar de dolor.

Aprovechando el momento de debilidad de Ivan, la turba enfurecida se abalanzó sobre él esgrimiendo garrotes y arrollando al leñador caído a su paso mientras subían por los estrechos escalones hasta el piso superior.

Desesperado, una vez más Ivan recurrió a sus poderes oscuros e invocó una nube de oscuridad que inundó el pasadizo donde se encontraba, envolviéndolo a él y a todos los aldeanos en una viscosa e impenetrable negrura a través de la cual solamente Ivan era capaz de ver.

Los aldeanos quedaron paralizados por el temor que les producía la oscuridad creada por el señor del castillo. Las tinieblas, surgidas del profundo abismo del poder oculto de los Lasombra, engullían los sonidos y oprimían a los humanos como si de una pesada manta se tratara, algunos empezaron a boquear faltos de aire y más de uno dio la vuelta a ciegas y arrolló enloquecido a sus compañeros que subían por las escaleras.

Ivan esbozó una débil sonrisa, trabajosamente se puso en pie para evaluar la situación. Se encontraba muy débil, y no sabía cuánto tiempo podría mantener el Sudario de la Noche. Miró al otro lado del pasillo y vio una ventana abierta al final del mismo.

Cojeando, enfundó a Niebla y se acercó a la ventana mientras la nube de oscuridad empezaba a debilitarse y los aldeanos empezaban a sobreponerse y de un salto se precipitó al vacío.

La caída fue mejor de lo que Ivan esperaba, el torreón de los Ionescu era alto, pero anexo al lado sur se encontraba el edificio de las caballerizas.

Ivan calló unos tres o cuatro metros hasta que chocó con el tejado de madera de los establos y sin poder detener el impulso rodó como un bulto por la pendiente del tejado recubierto de paja.

Con un ruido sordo aterrizo en el suelo de tierra compactada del patio trasero como un fardo.

Aturdido y desorientado Ivan se incorporó a duras penas y miró a su alrededor con la mano en la empuñadura de su espada. La turba no había llegado hasta allí todavía, eso le proporcionaba unos minutos preciosos.

El dolor de la pierna era insoportable, y el brazo izquierdo le colgaba inerte en un ángulo extraño. Concentrándose Ivan hizo que su sangre cainita se dirigiese a sus heridas y contempló maravillado como el tajo de la pierna se cerraba por sí solo. En unos instantes, donde antes tenía una horrible herida, ahora solo se veía la piel pálida e inmaculada a través del roto del pantalón.

Después se acercó a una de las columnas de madera del establo y reuniendo todo el valor que le quedaba encajó el hombro izquierdo en su sitio con un fuerte golpe. El dolor le recorrió el hombro como un latigazo, pero después de un momento ya había recuperado la movilidad del brazo.

Sin perder un instante más corrió hacia la puerta trasera atravesando el patio a toda la velocidad que le permitían sus maltrechas piernas.

Una vez fuera buscó a la luz trémula de la luna a su sirviente.

Jano esperaba a su señor asustado a la sombra de un roble centenario junto al foso trasero del castillo con el caballo ensillado.

Al acercarse Ivan, el equino empezó a piafar nervioso mientras Jano intentaba tranquilizar al animal sujetándolo por las riendas.

De un salto Ivan se montó en la yegua y la tranquilizó pasando su gélida mano por la crin del animal. Después de varias semanas Ivan había conseguido que su montura se acostumbrase poco a poco a su nueva naturaleza vampírica. Pero el animal aún seguía poniéndose nervioso cuando lo montaba.

-Señor, ¿Qué vamos a hacer ahora Sura y yo?- preguntó Jano asustado.

- Id al pueblo y esconderos en casa de algún familiar- respondió Ivan mirando a su sirviente desde lo alto de su montura. –Volveré cuando los ánimos se calmen- añadió haciendo girar al caballo con las riendas.

Sin una palabra más, Ivan espoleó al animal y partió al galope campo a través dejando a Jano tras de sí mientras las llamas empezaban a salir por las ventanas del castillo de los Ionescu.





FIN

domingo, 13 de marzo de 2011

"Genesis" Parte 7 (Todo se desmorona (I) )

"Genesis" Parte 7 (Todo se desmorona (I) )

NOTA:Aqui la continuación de esta maravillosa historia, su autor (Sergio) ha sido muy amable al dejarme publicarla, gracias y que todos la difruteis.

Los primeros capitulos los encontrareis en la columna de la derecha



Genesis (Parte 7)


Todo se desmorona (I)



La habitación de Ivan era un completo caos. El mobiliario se encontraba totalmente desbaratado. Las suntuosas cortinas estaban desgarradas y la sangre lo cubría todo.

En la cama se encontraba el cadáver semidesnudo de una atractiva joven, en una postura extraña y con la ropa ensangrentada hecha jirones. La sangre, aun caliente, de la chica, empapaba las sabanas y caía al suelo de madera filtrándose entre sus grietas.

Junto a la cama, y aún amarrada a las columnas del cabecero se encontraba otra chica, más joven aún que la anterior, con el mismo cabello largo y rubio.

Su cuerpo entero temblaba violentamente presa del pánico y en su cara surcada de lágrimas aparecía una mueca de terror. Miraba a Ivan y a Liseta alternativamente sin poder apartar los ojos de ellos mientras sollozaba y murmuraba una y otra vez el nombre de su hermana mayor Maika.
Liseta miraba con despreocupación el sangriento escenario mientras se limpiaba con un pañuelo la sangre que escurría por la comisura de sus labios.

Ivan intentó sentirse culpable por lo que habían hecho mientras miraba los ojos sin vida de la chica postrada en la cama, pero no lo consiguió.
En el fondo de su mente algo le decía que aquello no estaba bien.
No siempre había sido así. Al principio oía aquella voz en su cabeza con más claridad. Pero cada vez le costaba mas trabajo distinguir lo que estaba bien de lo que no.
A veces le daba miedo reconocer en lo que se había convertido, era un monstruo, y lo sabía, no podía resistirse al tentador aroma de la vitae humana.

Pero cada vez que Liseta le conminaba a cometer una atrocidad, a cual mas perversa, se hundía mas y mas en su propia insensibilidad.
Su aspecto era horrible, el pelo desgreñado y sucio enmarcaba un semblante pálido y demacrado y unos ojos sombríos que brillaban con una luz interior cercana a la locura. Su ropa aparecía manchada y descuidada, llena de coágulos de sangre, algunos no tan recientes, parecía evidente que llevaba varios días sin cambiar de atuendo.
Instintivamente Ivan intentó mirarse en el espejo de la habitación sin éxito.

Era muy difícil mantener un aspecto presentable - pensó - cuando al mirar tu propio reflejo, solamente podías ver lo que tenias a tu espalda.
Liseta se dio cuenta de su turbación y prorrumpió divertida en una carcajada exenta de humor.

Disgustado, Iván se abalanzó sobre el espejo, y agarrando el pesado marco de madera labrada, lo alzó como si nada y lo arrojó al otro extremo de la habitación con furia haciéndolo añicos.
Unos golpes en la puerta sacaron Iván de su estado de furia pasajera y le devolvieron a la realidad.

-Señor ¿se encuentra bien? – La voz de Jano le llegó claramente a través de la gruesa madera de la puerta de sus aposentos.

- Si Jano, te dije que no se nos molestase esta noche- Dijo Iván con un deje de furia en la voz aún excitado.

- Perdonadme mi señor, pero algo terrible ocurre. Los campesinos del valle han acudido a las puertas del castillo. Son docenas, están furiosos y están atacando a la guardia de la puerta-

Iván descorrió las pesadas cortinas de la ventana de su dormitorio y se asomó a la fría noche. Desde la altura del torreón pudo observar aterrado como una marabunta de gente enfervorizada armada con antorchas, hoces y rastrillos cruzaba el patio de armas del castillo. Las puertas del patio estaban arrancadas de sus goznes, y los pocos guardias con los que contaba para proteger la fortaleza estaban tendidos en el suelo, heridos o muertos.

Ivan se volvió para preguntar a Liseta lo que debían hacer, pero en la habitación solo se encontraban las chicas y él mismo. Su sire había desaparecido como si nunca hubiese estado allí.

Ahora podía oír claramente las voces y el ruido de los aldeanos pidiendo a gritos la cabeza del monstruo que les había estado aterrorizando durante los últimos meses.

Como una exhalación abrió la puerta y se precipitó en el pasillo de piedra que daba acceso a sus aposentos.

Jano le miraba con desesperación esperando que su amo le dijese lo que había que hacer.

- Rápido, ve a los establos y ensilla mi yegua. Espérame en la poterna de atrás, junto al foso. Me reuniré contigo en cuanto recoja mis cosas- le dijo a Jano mientras su mente intentaba desesperadamente encontrar una solución. En ese momento deseó poder fundirse con las sombras como hacía su sire, pero aún no había logrado controlar el poder de las sombras hasta ese punto. - Y quizá no lo consiga nunca – pensó preocupado.

Jano salió corriendo por el pasillo como alma que lleva el diablo y se perdió de vista detrás de un recodo.

Iván volvió a su habitación abrió un arcón de madera que se encontraba junto a su lecho y se puso a rebuscar en él. En un rincón, envuelta en un paño estaba Niebla, la espada que le había regalado su padre en su decimosexto cumpleaños. La cogió entre sus manos, la desenvolvió despacio y durante un momento se quedó mirando el acero, la funda de cuero negro y la empuñadura en forma de halcón que su padre había hecho fabricar para él y el remordimiento y la pena le golpearon durante un instante.

Por el pasillo escuchó ruidos de voces airadas y de pisadas, los aldeanos habían conseguido entrar al salón principal, solo era cuestión de tiempo que encontrasen las escaleras que subían al torreón. Esperaba que Jano hubiese tenido tiempo de llegar a las caballerizas antes de que entrase la turba al edificio principal.

Apresuradamente se puso su cota de malla y cogió una bolsa repleta de monedas y un puñal con la hoja de plata del fondo del arcón, se los colgó del cinto junto con Niebla y salió por la puerta hacia las escaleras de caracol que bajaban al piso inferior.

No había conseguido bajar dos peldaños cuando el humo y la luz de las antorchas aparecieron más abajo seguidos de varios aldeanos enfurecidos.
Afortunadamente la turba se había dividido en grupos para buscarle por el castillo, y la escalera era lo suficientemente angosta para permitir solamente el paso de dos personas a la vez.

El primer aldeano que apareció era un hombre corpulento, rubio con unas incipientes canas en las sienes. Iba vestido con un mandil de herrero, y sus brazos musculosos aparecían manchados de sudor y hollín. Portaba una antorcha en una mano y una espada bastarda desgastada en la otra. Detrás de él subían varios aldeanos más con aspecto de granjeros, todos armados con hachas o herramientas de su oficio.

- ¡Está aquí! ¡el monstruo está aquí!- gritaron algunos hacia abajo al verlo.

-¿Dónde están mis hijas maldito engendro?- le espetó con furia el herrero mientras se abalanzaba hacia Ivan y le descargaba un mandoble con la espada a la altura de las rodillas.

sábado, 12 de febrero de 2011

"Genesis" Parte 6 (El abrazo)

NOTA: Aqui la continuación de esta maravillosa historia, su autor (Sergio) ha sido muy amable al dejarme publicarla, gracias y que todos la difruteis.
Los primeros capitulos los encontrareis en la columna de la derecha


Genesis (Parte 6)

El abrazo.


Convento de Varatec, Iztsrizz, condado de Tumsa, Rumania (año 1314 DC)


Las negras botas de caña alta de Ivan resonaban a cada paso por uno de los innumerables pasillos desiertos del convento de Varatec.
El blasón de la familia Ionescu, un halcón plateado sobre fondo carmesí, centelleaba en su pecho con brillos argénteos en contraste con su peto negro a la luz titilante de las antorchas que iluminaban el pasillo.
Sus pasos eran seguros y su porte altivo, quizás intentando disimular el desasosiego que en él producía siempre, la idea de volver a ver a su señora y dómitor: Liseta Iluminada.
Ivan atravesó el umbral de la capilla y esperó unos instantes a que sus ojos se acostumbrasen a la débil iluminación de la sala.
Varias filas de bancos de madera distribuidos regularmente se alineaban frente al modesto ara de la capilla presidida por un enorme crucifijo dorado.
Ante él se encontraba la adusta figura de una religiosa postrada en el suelo en aparente estado de oración.
La monja se levantó y dirigió su atención hacia el recién llegado.
Ante los humanos, Liseta, se comportaba como una modesta y recatada mujer de Dios, su cargo era el de Madre superiora del convento y máxima autoridad eclesiástica de la ciudad. Aunque su verdadera naturaleza era bastante más siniestra.
Como miembro del clan Lasombra, Liseta no había escatimado recursos ni esfuerzos en subir peldaños en la intrincada y siempre intrigante sociedad cainita.
La belleza de Liseta, aún con las modestas ropas monásticas que portaba, era deslumbrante. Y ella era muy consciente de la ventaja que esto representaba en algunas ocasiones.
De pie frente a la religiosa, Ivan parecía un simple campesino incluso vestido con sus mejores ropas.
-Mi señora Liseta- Dijo con vehemencia, mientras hincaba una rodilla en tierra y fijaba la vista en el suelo.
- Levántate – Ordenó Liseta con voz firme pero amable al mismo tiempo.
Ivan no pudo resistirse a esta orden y se levantó.
- Mírame – Continuó – Estoy complacida contigo. Al fin hemos conseguido el titulo y las tierras de tu familia. Lenta y metódicamente nos hemos ido deshaciendo de todos los obstáculos que impedían lograr nuestras metas.-
- Pero, ellos eran mi familia, mi padre, mi hermano- dijo Ivan entre sollozos – ¿de verdad era necesario lo que hicisteis con ellos?- Contesto Ivan. A su mente acudieron las imágenes de su padre y su hermano mirándole acusadoramente con esos ojos sin vida. Iván no pudo evitar que las lágrimas acudieran a sus ojos.
- Si dudas no eres digno de formar parte del Clan. Contestó Liseta enojada
-No los necesitas. Nosotros seremos tu familia – continuó.
- Extiende el brazo cariño- añadió con una sonrisa enigmática en el rostro.
Ivan obedeció.




Liseta echó la cabeza hacia atrás y abrió la boca mostrando la dentadura, de la que surgieron dos colmillos de tamaño imposible. A su alrededor comenzó a formarse una amalgama de sombras viscosa y amenazadora y sus ojos refulgían cargados de maldad rojos como el infierno.
Su aspecto ya no era el de una temerosa sirvienta de Dios, sino todo lo contrario, Ivan observó horrorizado como a su mente acudían imágenes del mismísimo demonio que había visto en antiguos libros ocultistas.
Durante los años que Ivan había estado al servicio de Liseta, como su Gohul personal, había aprendido muchas cosas del oscuro mundo que rodeaba a su señora, pero aún había muchas otras que desconocía… y siempre se tiene miedo de lo que se desconoce.
Asustado y sin darse cuenta de lo que hacía Ivan dio un paso atrás.
Liseta miró fijamente a Ivan a los ojos y este sintió que caía en lo más profundo de aquellos enormes ojos negros como la noche. Sus ojos lo abarcaban todo y no podía dejar de mirarlos.
-Acércate – susurró ella divertida. Ivan observó como en un sueño como su cuerpo obedecía literalmente la orden.
Desesperado comprobó que no podía hacer nada por evitarlo, era como si sus piernas ya no le perteneciesen, no tenia ningún control sobre ellas.
Sin darle tiempo a reaccionar, Liseta se abalanzó furiosamente hacia él y aferró con fuerza el brazo extendido de Ivan.
Sus colmillos se hincaron con precisión en su muñeca desgarrando tendones y carne, dejando salir un borbotón de sangre que Liseta se apresuró a beber con avidez.
El éxtasis del beso inundó a Ivan hasta lo más profundo de su ser.
La sangre caía al suelo de piedra de la capilla y formaba caprichosos surcos rojos a su paso, mientras Ivan notaba como su vida se escapaba de él de forma lenta pero constante, su corazón latía cada vez más despacio y una inquietante debilidad empezó a apoderarse de sus miembros primero, y luego del resto de su cuerpo. El mundo se volvía por momentos más oscuro e insustancial para él, ni siquiera fue consciente cuando su cuerpo golpeó con fuerza el ensangrentado suelo de piedra…
Todo fue oscuridad para él.
Liseta logró detener sus ansias a tiempo, en el último segundo y reuniendo toda su fuerza de voluntad, consiguió soltarse del brazo de Ivan antes de que este se convirtiese en un cascarón vacío y seco.
Arrodillada junto al cuerpo de Ivan y aún temblando de excitación, Liseta cerró con fuerza los ojos e intentó con todas sus fuerzas calmar a la bestia que afloraba a la superficie con el embriagador perfume de la sangre. Lentamente se calmó, sus colmillos desaparecieron y un aire frío y sosegado apareció en su semblante.
Metódicamente y sin perder tiempo Liseta lamió la herida de Ivan para que sanara y sacó con la mano derecha una daga de plata oculta entre su ensangrentado habito. Con un solo movimiento se hizo un corte en la muñeca izquierda y la acercó a la boca de Ivan mientras musitaba –Mi querido Ivan, bienvenido a la oscuridad… ¡Chiquillo mío!

jueves, 27 de enero de 2011

"Génesis" Quinta parte (Ivan)

Para los que no lo sepáis, tengo un amigo que a parte de escribir genial, tiene una historia que en su día me permitió poner en este blog “Génesis” de Sergio, que es su autor
Pues resulta que Sergio dejo la historia un poco, como decirlo, sin terminar, o al menos con un final que dejaba a flor de piel las ganitas de una continuación, bien, pues después de darle mucho la vara con el tema, al fin me dio unos capitulillos mas.
Así que aquí os presento el capitulo 5 de esta maravillosa historia, si todavía no la habéis leído, aquí en la columna de la derecha, se encuentran los primeros capítulos.
¡¡Que lo disfrutéis!!

     Génesis



Quinta parte

Ivan



Castillo Ionescu, Iztsrizz, condado de Tumsa, Rumania (año 1310 DC)
           
Era una noche fría y lluviosa, la lluvia torrencial caía con fuerza en las tierras de labranza del condado de Tumsa y el viento azotaba con fuerza los postigos de las ventanas de la torre del señor de las tierras.
En el interior del castillo, las sombras y la oscuridad cubrían por completo la habitación de Ivan Ionescu, recientemente proclamado boyardo de Iztsrizz.
Una pesada y sofocante oscuridad inundaba la estancia. Ocasionalmente el furtivo resplandor de algún rayo desterraba las sombras por un breve y fugaz instante, iluminando de manera confusa e irreal la enorme cama con dosel y el lujoso mobiliario del dormitorio de Ivan.
El frió invernal se colaba por las decrepitas ventanas emplomadas de la antigua fortificación haciendo que Ivan rebullera inquieto bajo las pesadas mantas de su lecho. Normalmente la oscuridad lo consolaba, se sentía extrañamente cómodo y seguro bajo la protección de las sombras nocturnas.
Pero esta noche era distinta. Un sudor frío bañaba el cuerpo de Ivan mientras este se retorcía presa de la excitación sin poder conciliar el sueño.
El alma de Ivan no se encontraba en paz después de lo sucedido aquel día, y una extraña mezcla de pesar y remordimientos le embargaban.

Mientras Ivan no dejaba de moverse, inquieto en la cama, una figura encapuchada le observaba en silencio desde una de las sombras de la habitación. Su porte era altivo y regio y su lujosa ropa holgada no podía ocultar totalmente la estrecha cintura y las voluptuosas formas de una hermosa y joven mujer.
Pero había algo extraño en aquella mujer, si alguien hubiese podido observarla detenidamente en aquel instante sin que ella se percatase, no habría podido dejar de reparar en el color de su tez, excesivamente pálida.  O en esa mirada gélida, desprovista de vida, que parecía contrastar con la majestuosa belleza de su rostro.
Pero quizá, lo más inquietante de todo, era como las sombras que la rodeaban parecían moverse y fluctuar como si tuviesen vida propia, expandiéndose y contrayéndose en pequeños tentáculos viscosos de oscuridad que parecían arroparla y protegerla como si de un siniestro manto se tratase.
La misteriosa mujer esbozó una fugaz sonrisa bajo la empapada capucha de su capa de viaje mientras posaba sus ojos negros como el abismo en la figura de Ivan.
- Mi querido Ivan… – dijo en un susurro que solamente ella pudo oír.
            Satisfecha, la misteriosa dama, dio un paso atrás hacia el sólido muro de piedra y se fundió totalmente con las sombras de la pared, desapareciendo por completo en su negrura como si nunca hubiese estado allí.


            Días después, en la cocina del castillo, junto al crepitante hogar de leña y sentado en un banco frente a la amplia y nudosa mesa de madera, Jano sorbía ruidosamente la sopa que su esposa le acababa de servir. Faltaba poco para el amanecer y Jano se preparaba para otra dura y fría jornada al servicio del señor del castillo.
            Su esposa Sura, dejando en la mesa un generoso pedazo de queso y media hogaza de humeante pan recién horneado, se sentó frente a él observándole indecisa.
Al cabo preguntó:
- Jano, ¿Qué crees que va a pasar ahora que el señor ha muerto? -
            - Supongo que el señorito Ivan heredará el titulo, y nosotros seguiremos a su servicio coma hasta ahora.
            Al ver que su mujer seguía mirándolo apesadumbrada, Jano tomo las arrugadas manos de su mujer entre las suyas con suavidad.
- No te preocupes mujer – dijo intentando tranquilizar a su esposa.
            -Pero nosotros ya somos mayores- respondió ella - y el señor era tan noble y bondadoso...- Dijo con un sollozo.
- Además, nunca me ha gustado el señorito, siempre con ese mal carácter y esa mirada siniestra. Me parece mentira que sea hijo del señor. Y menos desde hace unos años, desde la muerte del señorito Yuri, y sobre todo desde que esa mujer vino aquí por primera vez, -.
- No deberías hablar así del señorito – replicó Jano – Y menos de la señora Liseta, recuerda que es una mujer consagrada a la obra de Dios. -
Sura se santiguó dos veces, y después hizo el signo contra el mal de ojo con la mano izquierda.
- Por muy monja que sea, no creo que sea una buena influencia para el señorito Ivan. La primera vez que la vi un escalofrío me recorrió el espinazo. Hay algo diferente en esa mujer, algo… no se. Pero me da miedo Jano.  ¿Y si nos echan de aquí?¿Donde iremos? ¿Qué será de nosotros? – gimoteó Sura.
            Jano apartó el cuenco de sopa vacío y se llevó a la boca un pedazo de queso mientras le conminaba a su esposa:
- Tranquilízate Sura, nadie nos va a echar. El señorito Ivan nos necesita al igual que nos necesitaba su difunto padre. ¿Quién cuidaría entonces del ganado y la torre? ¿Quien recaudaría los tributos de los campesinos? ¿Quién haría todo el trabajo al fin y al cabo? ¿Crees que lo haría él?
            - No esposo, no lo creo. Pero… cuéntame, ¿Qué pasó realmente el día en que murió el señor? Si crees por un momento que me tragué toda aquella historia del accidente. Cuéntamelo Jano, tú estuviste allí, tú acompañaste al Señor y a su hijo en aquella partida de caza. Lo vi en tus ojos aquel día, cuando regresasteis ¿Qué pasó Jano?
            - Cállate Sura-  replicó el hombre enojado alzando la voz más de lo que hubiera deseado.
            - Te dije que no volvieses a preguntarme sobre lo que sucedió aquella noche - Continuó Jano, convirtiendo su voz en un susurro. - Nunca, ¿me oyes esposa? júrame que nunca más, en lo que te resta de vida, volverás a preguntar por lo sucedido aquel día.-
            Jano se levantó sin terminar de comer, se sacudió las migas del regazo distraídamente y salió de la estancia sin decir palabra hacia sus quehaceres diarios.

viernes, 16 de julio de 2010

Génesis "El aprendizaje"

El Aprendizaje


Capilla Tremere de Ceoris. Hungría. (1314 DC)



“Mi sire llevaba razón, me he pasado estos últimos 15 años estudiando y aprendiendo, si no fuese un cainita ahora tendría unos 35, y aunque realmente esa es la edad que tengo mi cuerpo no ha cambiado en absoluto desde el día de mi abrazo.

El precio a pagar por la inmortalidad es alto, ya solamente puedo alimentarme de sangre, debo dormir durante el día a resguardo de la mortífera luz del sol y he desarrollado una repulsión al ajo heredada de mi sire.

Pero mi poder y mis conocimientos aumentan cada día. Ahora soy lo que se podría llamar un vampiro “joven”, y aún así he logrado desvelar los secretos del mundo inanimado, dándoles vínculos más cercanos a las cosas naturales gracias a una senda taumatúrgica: Rego Elementum.

He aprendido varios rituales mágicos y a hablar el Rumano con fluidez, así como el Latín y he aumentado mis conocimientos ocultistas en la gran biblioteca de Ceoris.

La biblioteca, la primera vez que entré con Celestín en la biblioteca me quedé de piedra, nunca en mi vida (ni en mi no-vida) había visto un sitio parecido; las inmensas estanterías, repletas de libros y pergaminos se extendían hasta perderse en la oscuridad formando interminables pasillos y salas de estudio donde los estudiosos Tremere (siempre con el consentimiento de Celestín) podían consultar los antiguos volúmenes que allí se encontraban.

Mientras Celestín y yo paseábamos entre los libros allí almacenados mi sire me llamó la atención sobre algunos situados en la parte más moderna de la biblioteca siempre en expansión; se trataba de los volúmenes ocultistas de mi antigua biblioteca de Irlanda.

Celestín me explicó que era un buscador, dedicaba todo el tiempo libre del que disponía buscando y coleccionando todo tipo de libros ocultistas y objetos mágicos. Su habitación (una pequeña celda austera próxima a la biblioteca) estaba repleta de artilugios mágicos encontrados en sus numerosos viajes por el mundo conocido.

Por el momento aquí en Ceoris se respira tranquilidad, la guerra contra los Tzimisce va bastante bien y ya hemos conseguido consolidar nuestro poder en gran parte de Transilvania y la mayor parte de…”


Extracto del Diario del Tremere Morgan
Chiquillo de Celestín Gran Maestro Bibliotecario
de la Capilla Tremere de Ceoris



Morgan se encontraba en su celda sentado frente a un pequeño escritorio de madera anotando sus reflexiones en su diario cuando fue interrumpido por unos golpes en la puerta.

- Pase – dijo el Tremere con una nota de disgusto en la voz.

La puerta se abrió con un ligero ruido y en el umbral apareció la figura de Celestín. Su semblante aparecía un poco demacrado y su expresión era triste.

- Sire – dijo respetuosamente Morgan.

-Disculpa la interrupción hijo mío, pero el Clan necesita de tus servicios – contestó el Maestro Bibliotecario más serio de lo habitual – acompáñame a mi celda donde podremos hablar con tranquilidad.-

Celestín se mostraba inusualmente serio y silencioso mientras caminaban por los oscuros pasillos de la fortaleza Tremere. Morgan se preguntaba que es lo que podría estar sucediendo para obrar un cambio tan notable en su sire normalmente amable y locuaz cuando entraban en los aposentos de este.

- Siéntate – comentó Celestín a su chiquillo una vez dentro.

Morgan tomó asiento en una sencilla silla de madera situada frente al escritorio de su sire y esperó a que este se sentase a su vez tras la mesa repleta de objetos extraños y misteriosos.

La habitación entera se encontraba repleta de medallones, anillos, dagas extrañas, cajitas de madera labradas y todo tipo de objetos a cuál más extravagante. La mayoría de ellos eran mágicos y poseían poderes que escapaban al entendimiento de Morgan, por lo que tuvo buen cuidado en no tocar ninguno de ellos.

- Bien Morgan – dijo Celestín al cabo – Ante todo debes saber que ha ocurrido una desgracia. El gran Goratrix, uno de los miembros más poderosos del consejo interno, ha sido asesinado.-

Morgan se quedó de una pieza, totalmente sorprendido, ¿quién podría haber hecho algo así?, Goratrix no solo era un vampiro influyente dentro de los Tremere, sino que su poder era enorme, se decía que solamente mediaban dos generaciones entre él y el mismísimo Cain. A él debian los Tremere la creación de sus tropas de choque; las temibles gárgolas.

- Anoche fue atacado por un grupo de Brujhas en Timisoara cuando se disponía a venir hacia la Capilla – continuó Celestín – Y no solamente acabaron con su no-vida, sino que uno de ellos lo diablerizó –

- ¿Cómo es posible esto? – dijo Morgan, la furia y la indignación resultaban patentes en su tono de voz. – Esta afrenta no debe pasar sin castigo.- Sentenció.

- La muerte de Goratrix ya ha sido vengada chiquillo mio. El mismísimo Tremere y algunos de nosotros nos encargamos de eso anoche, el diabolista pagó con su sangre la afrenta, pero el resto del grupo consiguió escapar.

Celestín se levantó de su escritorio mientras hablaba, y de una de las estanterías tomó un antiguo estuche alargado de madera con grabados de dragones.

-El consejo piensa que tu período de aprendizaje ha concluido- Dijo al sentarse de nuevo mientras dejaba el estuche frente al joven vampiro.

Morgan a su vez permaneció en silencio expectante ante la noticia que suponia le iban a comunicar.

- Debes partir en busca del resto del grupo que participó en la masacre de nuestro Hermano. Tu misión es encontrarlos e investigar las razones que motivaron su ataque. Sabes que confiamos plenamente en tu lealtad al Clan y en tus facultades-

Tras una pausa, Celestín dijo a su chiquillo - Aún así creo que esto te servirá de ayuda –

El bibliotecario deslizó hacia Morgan el estuche y este lo abrió con creciente curiosidad. Dentro del estuche, envuelta en una tela de lino se encontraba una daga de hoja blanca y sinuosa, pesaba muy poco y parecía estar hecha de hueso en lugar de metal.

- Es un arma Tzimisce – explicó Celestín al ver la expresión de desconcierto en la cara de Morgan – Tiene la peculiaridad de infligir heridas en un vampiro semejantes a las causadas por el astro rey. Úsala con precaución y ten cuidado con los Tzimisce hijo mío – diciendo esto Celestín se incorporó de su asiento y acompañó a Morgan hasta la puerta.


Antes de salir Celestín le dijo por último a su chiquillo: - Antes de partir preséntate ante Malgorzata, está muy afectada por la muerte de su sire. Ella te informará de los pormenores, te asignará una gárgola para tu protección y un medio de transporte adecuado. Que Tremere guíe tus pasos chiquillo mío –

Esa misma noche Morgan partió hacia Timisoara en un sencillo carro tirado por un buey, el tiempo era horrible, la lluvia caía a plomo sobre su cabeza empapándole hasta el hueso y el viento le hacia avanzar a paso lento y pesado. Lo único que alentaba a Morgan a seguir adelante era su determinación de complacer a su sire y a su clan.

De vez en cuando algún rayo descargaba su cegadora luz en las cercanías, entonces, si miraba hacia arriba podía distinguir la silueta poderosa y reconfortante de la gárgola sobrevolando en círculos el carro.

FIN


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Aqui el ultimo capitulo de esta maravillosa historia, pero....

¿no les dejó con ganas de mas?

Pues a mi si, asi que todos los que se interesaron en este relato tan impresionante, y deseen continuar sabiendo de el, dejen sus comentarios, dirigidos para Sergio, a ver si entre todos le damos los animos para regalarnos una continuacion.

Sergio, gracias de corazon por prestarme esta historia tan buena, cariño tienes un talento imnato, y lo dicho, espero te pienses eso de la continuacion.

martes, 13 de julio de 2010

Genesis "La no-vida"

La tercera entrega de esta historia que a mi me quito los sentidos por completo, es intrigante, es talentosa y expresa los sentimientos y los acontecimientos a la perfeccion, asi que no dudeis en leer estos capitulos, son de mi amigo Sergio y se que a el, al igual que a mi, le encantara saber su opinion al respecto.

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La no-vida.



Cuando Morgan despertó estaba tendido en un jergón, mirando al techo de una habitación pequeña sin ventanas, no podía dejar de mirar las grietas del techo, le fascinaban, los trazos eran rectos a veces, otras veces no. Se incorporó y se quedó un rato sentado en el borde la cama. Era como si no hubiese visto nada parecido antes, los colores, las formas de todo lo que le rodeaba le parecían excesivamente vivos, como llenos de algo que no podía definir. Definitivamente se sentía distinto.

Y tenía sed, una sed terrible que le atenazaba la garganta como nunca antes, se levantó y notó que pesaba menos, ¿o no? y al tiempo se sentía más fuerte, más rápido. Era muy extraño, Morgan se miró los brazos, las runas azules tatuadas no estaban iluminadas, eso era buena señal. Aún así decidió hacer una prueba. Trazó una runa de agua en el aire al tiempo que la pronunciaba, era un hechizo sencillo, hasta un niño Druida de diez años podría haberlo realizado sin problemas. La runa condensaba la humedad del ambiente en una esfera de agua en la palma de la mano del mago - muy apropiado, dada la sed que tengo – pensó Morgan sonriendo mientras esperaba la reacción mágica.

Algo iba mal, el hechizo no surtía efecto – quizá me he equivocado con las prisas – pensó, aunque en su fuero interno sabía que no era así, había realizado ese hechizo cientos de veces.

Morgan volvió a trazar la runa, esta vez de forma muy pausada, mientras la pronunciaba puso toda su atención en los trazos y en las entonaciones que correspondían a cada sílaba del hechizo.

Nada.

El miedo le invadió por completo, no podía ser, se volvió desesperado hacia un lado y apoyó las manos en un mueble con la vista clavada en la pared. Morgan se sobresaltó; enfrente de él un rostro le devolvía la mirada con una expresión de terror en el semblante. Al igual que Morgan, estaba cubierto de runas azules y cicatrices pero su piel era tan pálida como la de un muerto. El druida retrocedió asustado y la imagen se movió, de repente calló en la cuenta; se estaba mirando a sí mismo en un espejo.

Morgan se acercó despacio al espejo mientras su mente empezaba a atar cabos y a comprender lo que sucedía. Lentamente enseñó los dientes a su doble del espejo, si sus suposiciones eran correctas… maldición lo eran, allí estaban; dos colmillos blancos y largos como los de un animal salvaje.
Mientras se examinaba frente al espejo la puerta de la estancia se abrió y Celestín entró silenciosamente en la habitación.

- Veo que ya te has dado cuenta por ti mismo – dijo con voz pesarosa.

- Si, ¿No creíste oportuno informarme antes de lo que pretendías hacer? ¿Verdad? – contestó Morgan con una mueca de furia.

- Pensé que no lo entenderías. Ahora eres inmortal, solo la luz del sol puede destruirte – dijo Celestín.

- Mientes, hay más formas de acabar con un vampiro –

- Si, pero eso no debe preocuparte ahora chiquillo mío. ¿Tienes sed? – dijo tendiéndole una copa rebosante de un líquido rojo y espeso.

El olor de la sangre hizo perder todo deseo de discutir a Morgan, la sed volvió con fuerza, sin pensar lo que hacía cogió el cáliz con ambas manos y lo apuró de un trago con ansiedad.

Celestín miraba a su nuevo chiquillo con una extraña mezcla de satisfacción y alivio, esperó a que terminase y le tendió un pañuelo con el que secarse la sangre que escurría por la comisura de sus labios.

- Ahora eres uno de los nuestros, y nada de lo que hagas podrá cambiar esto. Puedes rechazarnos y morir, o puedes formar parte del Clan y aprender. Tienes la eternidad por delante para aprender chiquillo mío - dijo con dulzura.



El viaje a Ceoris fue largo dado a que Morgan y Celestín se veían obligados a viajar de noche y descansar durante el día. La situación exacta de la capilla era un misterio, y el camino que conducía a ella era secreto. Solamente los miembros del Clan tenían acceso a la fortaleza, cualquier otro que encontrase el camino era capturado e interrogado. Generalmente el “extraviado viajero” solía sufrir posteriormente un desafortunado y mortal accidente.

La fortaleza, construida por el gran arquitecto nosferatu Zelius, reinaba sólida e inexpugnable sobre el risco de una cadena montañosa. La plaza fuerte permitía dominar con la vista el cielo abierto y sus vías aéreas así como de la tierra que se extendía a su alrededor y del único camino sinuoso que conducía hasta ella.

Desde sus torres se podía distinguir una gárgola o a un merodeador quiróptero a mil leguas de distancia y a cualquier tipo de ejercito volador a más de dos mil sin necesidad de utilizar Auxpex. El camino de acceso a la Capilla serpenteaba a través de profundos barrancos y numerosos puentes oscilantes fáciles de defender.

Durante el viaje Celestín puso al corriente a Morgan sobre la política interna del Clan y sus relaciones con el resto de los vampiros, resolviendo igualmente todas las dudas que este le planteaba sobre la vida vampírica. Morgan llegó a desarrollar un vínculo emocional con su sire, admiraba su sabiduría así como su gran humanidad, Celestín nunca mataba si no era estrictamente necesario, tomando la sangre de sus víctimas prácticamente sin que estos lo notasen.

Realmente Morgan tenía sus dudas sobre esta especie de “afecto” desarrollado últimamente, y se preguntaba si tendría algo que ver con la copa de sangre que Celestín le ofreció antes de partir de Londres. Tendría que estudiar el tema, Celestín le había dicho que allí en Ceoris se encontraba una de las más grandes bibliotecas ocultistas del mundo conocido y que él era el Maestro Bibliotecario.

La pareja se detuvo a menos de una legua del castillo, sobre ellos sobrevolaban en círculos varias gárgolas de aspecto temible vigilándolos como aves de rapiña.

Celestín pronunció en voz alta una palabra extraña que Morgan no pudo entender, y una de las gárgolas se separó del resto y se dirigió volando hacia la capilla. Al cabo la pareja prosiguió su camino sin ser molestados y entraron en la fortaleza, las puertas estaban abiertas para permitirles el paso, y los centinelas, a pesar de que los miraron con recelo (sobre todo a Morgan) no hicieron ninguna pregunta.



Etrius



Celestín recorría despacio los pasillos y salones de la fortaleza Tremere, como tomándose tiempo para disfrutar de aquel regreso a un entorno tan familiar. Morgan le seguía a corta distancia de forma respetuosa.

Subieron por una interminable escalera de caracol y llegaron a un pasadizo desierto y en sombras. A cada lado había una serie de puertas cerradas. Al fondo, una de ellas estaba abierta y la luz que surgía de ella se derramaba por el pasillo. Ambos avanzaron hacia la luz y se detuvieron al llegar al umbral para dar tiempo a que sus ojos se acostumbraran a la claridad después del paseo por el oscuro interior de la capilla.

En el interior había tres personas, dos hombres y una mujer. Celestín hizo las presentaciones.

De pie, con las piernas ligeramente separadas y las manos a la espalda se encontraba un vampiro de constitución fuerte, espaldas anchas y un pelo largo y moreno que le caía por los hombros, su nombre era Goratrix y a su lado se encontraba su chiquilla Malgorzata. Sentado tras un enorme escritorio de madera se encontraba Etrius, vestido con una sencilla túnica de color gris con poderosos signos cabalísticos bordados, con los codos apoyados sobre la madera y las manos entrelazadas bajo el mentón. Tenía un rostro maduro y de mirada inteligente que lo escrutaba todo con intensidad.

- Sire… – dijo Celestín inclinando ligeramente la cabeza en dirección a Etrius en señal de respeto.

- Bienvenido chiquillo mío, me alegra mucho que estés de vuelta entre nosotros nuevamente. – contestó el otro – Espero que pronto retomes tus obligaciones en la Gran Biblioteca, es un verdadero desastre cuando tu no estás – comentó con una sonrisa.

- No veo la hora de hacerlo – respondió sinceramente Celestín – He traído conmigo a mi nuevo chiquillo como te comenté, espero que sea digno de tu aprobación y de la del Clan – Etrius se giró y miró a Morgan a los ojos intensamente, este notó como algo entraba en su mente, era una sensación muy desagradable, todos sus sentimientos, sus ideas, sus pensamientos más íntimos le fueron arrancados a la fuerza y puestos al descubierto por aquella presencia extraña y no podía hacer nada para evitarlo. Durante un breve instante Morgan pudo ver a través de ella, o quizá le fue permitido entrever algo. Duró un instante, justo el tiempo que se tarda en parpadear, pero mientras duró, el recién creado vampiro pudo intuir en esa presencia un basto conocimiento, una inteligencia muy superior a la suya y un poder antiguo y mayor que cualquier otro que hubiese conocido anteriormente.

- Creo que has elegido bien Celestín – comentó Etrius al cabo – Yo mismo efectuaré el vínculo de sangre que le ate al Clan, después encargate de su instrucción en las artes Taumaturgicas y de que realice el juramento Tremere-

- Lo que tu ordenes – respondió humildemente Celestín. Con una reverencia se dispuso a abandonar la habitación cogiendo a su chiquillo del brazo cuando Etrius le detuvo con un gesto de la mano.

- Recuerda chiquillo mío que ahora él es tu responsabilidad – dijo señalando a Morgan – No lo olvides.-

Cuando Celestín y su chiquillo abandonaron el estudio de Etrius este se giró en dirección al otro vampiro que no había abierto la boca para nada durante la presentación de Morgan y le preguntó señalando la puerta con la cabeza; - ¿Qué opinas del nuevo recluta Goratrix? –

- No sé. Creo que será un buen Tremere – respondió Goratrix pensativo – Pero hay algo en él que me inquieta…-

martes, 6 de julio de 2010

Génesis "Morgan"

Aqui os traigo el siguiente capitulo del libro del Génesis de mi amigo Sergio, espero que os intrigase la primera parte y que esta no os deje tampoco indiferentes.
Y sin mas dilaciones, solo pediros que no os reprimais en comentar que os parecio, porque tanto Sergio su autor, como yo, estaremos encantados de saber su opinion.
Besos a todos

Irene

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Morgan.




Subterráneos del Sagrado Templo Druid del Ulster.
Irlanda del Norte ( año 1299 DC)



“Mi nombre es Morgan, y soy un Druida. Han pasado más de 80 estaciones desde mi rito de nacimiento. Pienso en ello cada vez que veo mis manos cuando paso de pagina algún viejo volumen de ocultismo, en realidad no solamente el dorso de mis manos están cubiertas de runas, sino mi cuerpo entero, exceptuando el cuero cabelludo, las plantas de los pies y las palmas de las manos. De hecho; mi rostro está tan cubierto de dibujos y cicatrices rituales que mi aspecto es… como lo diría; al menos perturbador. Aunque esto no me preocupa demasiado, he pasado la mayor parte de mi vida encerrado voluntariamente en este sagrado recinto estudiando y aprendiendo las artes ocultistas y otros conocimientos. Me parece increíble pensar que toda esta sabiduría se perderá cuando yo muera. Ahora yo soy el Gran Maestre de los Druidas de Eire, aunque es un honor que alcancé forzosamente hace apenas dos lunas.

Estoy solo, todos mis hermanos han muerto, el último en abandonarme fue mi apreciado Stain que fue como un padre para mí.

Los oráculos están mudos, la maldita “nueva Fe” ha hecho estragos en la magia, lo sobrenatural se ha separado casi por completo de lo material, afortunadamente las runas siguen con su antiguo poder aunque no sé cuanto ha de durar esto….”


Extracto del Diario de Morgan
quincuagésimo sexto Gran Maestre
Druid de Eire (y posiblemente el último)


Mientras repasaba su última anotación en el diario Morgan pensaba que debería marcharse lejos de ese lugar, quizá en la Galia, en Chartres encontrara alguno de los suyos. Antiguamente los druidas se reunían allí anualmente, antes de la prohibición y de las acusaciones de brujería.

Una sensación de escozor en la piel interrumpió sus pensamientos. Era leve, apenas perceptible, como si unos hilos de telaraña le rozaran la epidermis. Los signos mágicos de protección tatuados en su piel empezaron a iluminarse, anunciando un peligro. Su resplandor era leve, difuso al principio, pero claro.

- Realmente deberías dejar este decrépito lugar Morgan-

Morgan se sobresaltó, la voz no había sonado en sus oídos, sino en el interior de su cabeza. Se puso alerta, invocó el poder de las runas que crepitaron en la sala iluminándola con su reconfortante luz azul. Dónde antes no había sino un rincón a oscuras ahora se presentaba a su vista la figura de un hombre, ¿o no era un hombre?, en todo caso no parecía un ser vivo, aunque se movía con soltura. Era alto y de constitución fuerte, rubio y con ojos marrones, vestía una túnica larga oscura con una amplia capa con capucha del mismo color, y su cara era más amable que severa pero demasiado pálida como para ser humana.


- Muy impresionante- dijo la figura, esta vez con los labios – aunque un poco espectacular, ¿no crees? –

- ¿Quién o que eres, y como has atravesado las protecciones mágicas de la entrada? – Preguntó el druida a su vez mientras preparaba mentalmente un hechizo defensivo.

El hormigueo de sus brazos se hizo casi enloquecedor, como si corrieran por su piel las patas diminutas de un millón de arañas. Los signos mágicos de su piel se encendieron con tal fuerza que su resplandor iluminó por completo la habitación. Las runas estaban actuando para protegerle ante el posible peligro. Morgan pensó para si que aquel ser debía de ser muy peligroso pues sus tatuajes nunca habían reaccionado con tanta intensidad ante nada.

- Mi nombre es Celestín y si has estudiado alguno de los libros encuadernados en negro del fondo de tu biblioteca ya deberías de haberme reconocido como uno de los no-muertos- comentó el desconocido con gesto tranquilo desde la esquina opuesta de la habitación.

- Claro, ahora recuerdo. Eres un Vampyr – contestó el mago con un deje de temor en la voz - Te advierto que he estudiado sobre vosotros, si intentas algo sé como detenerte. Y además; soy un mago de gran destreza.-

De repente, como un borrón, el vampiro se acercó a una velocidad sobrenatural casi sin pisar el suelo. Morgan quedó paralizado por el miedo.

- Llevo un tiempo observándote y si, tienes razón, eres un mago de gran destreza, por eso creo que serás perfecto…- dijo mirándole directamente a los ojos a un palmo de distancia – ahora, ¿porqué no descansas y “duermes” un poco? El viaje será largo….-

Extrañamente los tatuajes de su piel habian dejado de brillar y Morgan no podía mantener los ojos abiertos, de repente el sueño se apoderó de él mientras seguía escuchando su voz tranquila y pausada.
La oscuridad se adueñó de su mente…



Clan Tremere


Capilla Tremere de Londres (1299 DC)


“Hace muy poco que los Tremere están entre los Cainitas. No fue hasta 1022 cuando los primeros vampiros Tremere fueron creados (o más bien se crearon a sí mismos) mediante la magia y el engaño.

Asesinaron a un antiguo Tzimisce y viviseccionaron a dos aprendices de mago a los que habían hecho ser Abrazados. Los experimentos dieron como resultado una pócima que permitió al magus Tremere convertirse a sí mismo y a sus siete más cercanos seguidores en no muertos.

Una vez descubierto el precio que habían pagado por su recién ganada inmortalidad, los nuevos Tremere se dispusieron a recrear los poderes que habían conocido en vida. El resultado fue la Disciplina mágica que ellos conocen como Taumaturgia. Sin embargo, Tremere no estaba satisfecho. Sabía que los nuevos vampiros se hallaban en grave peligro, y quería reforzar su posición en la jerarquía Cainita. Tras largas búsquedas e investigaciones supo cómo los demás clanes habían conseguido su estabilidad: mediante un anciano fundador. Descubrió el lugar donde dormía Saulot, el fundador de los Salubri, y decidió que el pacífico vampiro sería el mejor objetivo para sus planes. Rastreó a Saulot hasta su escondite y lo diablerizó, bebiéndose su alma y pasando a convertirse en un 3ª generación. Todas las referencias coinciden en que Saulot murió pacíficamente y sin oponer resistencia, aunque los Tremere quedaron horrorizados por la visión de su tercer ojo abriéndose y clavando su mirada sobre ellos.

La guerra que siguió a todo esto ha continuado durante casi dos siglos. Los Gangrel y los Tzimisce -los clanes más fuertes de Hungría- han dirigido la lucha contra los advenedizos, pero sin conseguir derrotarles. Los Tremere han pedido ayuda a la Orden de Hermes, un círculo de magos mortales de los que aún Forman parte, y cuentan con la protección de su magia y la de sus ejércitos mortales.

Durante este período, el poder de los Tremere se ha expandido. Ahora cerca de la mitad de los magos leales a Tremere han sido Abrazados, y unos pocos siguen todavía en contacto con sus camaradas de la Orden de Hermes. También han sido Abrazados otros magos e introducidos en el clan. Y, quizá lo más importante de todo, los Tremere han creado nuevas tropas cíe choque... las monstruosas Gárgolas.”


Extracto del Capítulo 7: “Clan Tremere” del libro
“Clanes Vampíricos” autor desconocido
Gran Biblioteca Tremere de Ceoris



Celestín caminaba absorto por el pasillo, acababa de dejar al recién reclutado mago aún bajo los efectos del hechizo de sueño en una habitación especialmente preparada para estos casos; esta se hallaba protegida por la poderosa magia Tremere, y la puerta estaba bien atrancada por fuera y sellada mágicamente.

Al pensar en el joven mago Celestín no pudo evitar recordar con añoranza cuando él mismo era un mago mortal de la Orden de Hermes, entonces su poder era grande, aunque nada comparado con el que poseía ahora. El mismísimo Etrius, mano derecha de Tremere, le había dado el abrazo hacía ya cientos de años.



La mano de Celestín se acercó involuntariamente a su pecho y acarició el medallón que colgaba de su cuello debajo de la túnica. Era algo instintivo, el abalorio era un regalo que su Sire le había hecho al poco de su abrazo y había pertenecido a Etrius durante mucho tiempo. A través de él Celestín podía comunicarse telepáticamente con Etrius a cualquier distancia.

De hecho, no hacía ni una hora que había hablado con él. Las instrucciones de Etrius eran claras, debía comunicar a Meerlinda (la regente de la Capilla Tremere de Londres) que tenía permiso del circulo interno para proceder a la creación de un nuevo vampiro en la persona de Morgan. Después de darle el abrazo y vincularle con sangre debía volver lo antes posible a la Capilla de Ceoris en Hungría, donde el mismo Etrius se encargaría de vincular al nuevo recluta con su propia sangre.

Celestín estaba ansioso por volver a Ceoris, le apasionaba mucho recorrer el mundo en busca de artilugios mágicos y libros esotéricos, pero después de varios años ausente añoraba su puesto de Bibliotecario de la Gran Biblioteca Tremere de Ceoris al fin y al cabo él era un estudioso nato.
- Puede que esto fuese lo que me impulsó a elegir a Morgan como futuro chiquillo, se parece tanto a mi cuando era joven… – pensaba el Taumaturgo mientras se detenía ante la gran puerta de madera con el escudo del Clan Tremere grabado en el centro que daba acceso a la cámara privada de Meerlinda.

Celestín llamó tímidamente a la puerta, aunque sabía que esto no era necesario, Meerlinda era uno de los miembros del Consejo de los Siete (al igual que Etrius) y era la encargada de gobernar las Islas Británicas, luego su poder superaba con creces el suyo. El bibliotecario no tenía ninguna duda de que Meerlinda hacía rato que sabía de su presencia al otro lado de la puerta.

-Adelante Celestín – se oyó una voz de mujer del otro lado de la puerta.

Celestín abrió la puerta y entró en la estancia. Meerlinda se encontraba sentada detrás de un gran escritorio de roble escribiendo en un pergamino. El Tremere esperó respetuosamente a que la regente acabase su tarea, al cabo de unos minutos Meerlinda dejó la pluma en el tintero, esparció un puñado de arena sobre el pergamino y comprobando que la tinta estaba totalmente seca enrolló este con sumo cuidado y lo depositó junto a otros rollos similares que se apilaban junto al escritorio.

Entonces miró fijamente a Celestín y le preguntó directamente: - ¿Y bien Celestín? ¿Cuáles son las instrucciones de Etrius? – Meerlinda era una vampiro tremendamente practica que no se andaba con rodeos.

Era increíble como aquella mujer de ojos negros como la noche lograba penetrar en lo más profundo de su mente con tanta facilidad.

- Debo partir hacia Ceoris dentro de tres noches. A menos que su excelencia tenga algún asunto que mandarme más importante que la llamada de mi “Sire”- Celestín recalcó la palabra Sire, nunca estaba de más recordar a Meerlinda que él era el chiquillo del jefe oficioso del Consejo.

- Además – prosiguió – Debo dar el abrazo al magi capturado y llevarlo a presencia de Etrius –

- Bien, bien, no tengo inconveniente en ninguna de ambas cosas. Puedes llevarte al nuevo recluta. Ah y saluda a tu “Sire” de parte de su hermana Meerlinda- contestó la regente con una ligera sonrisa al final de la frase.

Celestín salió de la sala con una reverencia y se encaminó hacia sus aposentos, esa misma noche convertiría a Morgan, tenía tanto que enseñarle…

sábado, 3 de julio de 2010

Génesis "Clan Tremere"

Hola a todos mis lectores, aqui les traigo algo muy diferente a lo que estan acostumbrados en mi blog, es un regalito que un amigo me dio, él se llama Sergio, y podreis comprobar, que tiene mucho talento escribiendo.
Esta historia, como todas las que a mi me gustan, es por supuesto de ciencia ficcion, sobre Vampiros y demas criaturas sobrenaturales, pero no son los vampiros a los que os tengo acostumbrados, no, estos son diferetes, aunque no por ello peor.

Cuando la lei por primera vez, mi boca tardo como unos diez minutos en cerrarse, por que es intensa, sorprendente y muy impactante.

Estos, por asi decirlo son los dos primeros capitulos, o entradas al relato.
Y publicare enseguida la continuacion, pero este pequeño aperitivo espero que os guste y sintais como yo, la intriga y necesidad de saber mas.

Le mando un beso de agradecimiento a Sergio por regalarme sus pensamientos y a todos vosotros, que no dudeis en comentar que os parecio, por que tanto mi amigo como yo, os lo agradeceremos.

Besos para todos.


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Génesis

Clan
Tremere


Nuestro camino está despejado y conduce nada menos que al control definitivo de toda nuestra especie. Pero no podemos recorrerlo solos: como un clan, y solo como un clan, tenemos posibilidades de triunfar.


Druids.

Algún lugar de Irlanda del Norte (año 1279 DC)


El pasadizo se extendía a oscuras al final de las antiguas escaleras de piedra; dos figuras encapuchadas bajaban en silencio por ellas. Al llegar al último escalón se detienen, uno de ellos se gira hacia la pared y examina las antiguas runas grabadas en la piedra, sus dedos siguen los trazos tallados en la roca, repasan las espirales, las muescas y los intrincados dibujos. Toca uno de ellos y pronuncia la runa en un susurro. El signo mágico bajo sus dedos empieza a despedir una suave y radiante luz azulada. El fuego mágico prende entonces en la runa contigua a la que estaba tocando, y también ésta empieza a emitir un fulgor mortecino. Muy pronto, una tras otra, aparece de la oscuridad una hilera de runas iluminadas que marca el túnel hasta desaparecer tras un recodo.

La misteriosa pareja reanuda la marcha lentamente siguiendo la hilera de runas, uno de ellos lleva un bulto tapado con una tela blanca que mantiene entre sus brazos de forma protectora. No se dirigen la palabra en todo el trayecto mientras recorren los sinuosos túneles y escaleras que se bifurcan, se dividen y se entrecruzan cientos de metros por debajo del gran Dolmen sagrado del Ulster.
La entrada a los túneles secretos, protegida por poderosas runas de exclusión, es conocida solamente por unos pocos, los últimos descendientes de la Orden Rúnica, antes conocidos como los poderosos Druids.

Antiguamente vivían y estudiaban aquí numerosos Druidas, todos descendientes de un linaje que se remonta hasta donde el hombre es capaz de recordar, pero ahora; los pasadizos se encuentran vacíos, las habitaciones y salas de estudio subterráneas solo contienen ratas y estanterías llenas de libros repletos de polvo.
Al fin llegan ante una vieja puerta de madera de roble, los dos encapuchados se miran el uno al otro como si no se decidieran a entrar, pero al cabo de unos segundos uno de ellos parece decidirse y llama tímidamente a la puerta.

-Adelante Xar- se oye una voz desde el otro lado.
Xar y su compañero Stain abren la puerta y penetran en la sala débilmente iluminada.

- Plácida luna Gran Maestre – saluda Xar sumisamente. Frente a él se encontraba Anoach, el último Gran Maestre de los Druids de Irlanda.

Anoach era un mago de gran poder, como así lo demostraban las runas bordadas en oro de los bordes de su túnica blanca. Una larga y espesa barba blanca le crecía hasta la cintura. La piel del dorso de sus manos, surcada de arrugas estaba tensa y estirada, y en ella se dibujaba claramente el perfil de cada tendón, de cada hueso. Los signos mágicos azules tatuados en el dorso de la mano eran complejos y enrevesados pero su color era intenso, en absoluto desvaído por el paso del tiempo. Y su magia, si acaso, era aún más poderosa que en su juventud.

- Bien, ¿Dónde está? – preguntó con un deje de impaciencia en la voz.

- Aquí, Gran Maestre – dijo Stain tendiéndole el bulto que portaba. Ahora podía verse con claridad que lo que Stain guardaba con tanto celo era un recién nacido, un niño rubio y cara angelical que dormía plácidamente envuelto en una tela de color blanco.

- ¿No estará… muerto? – comentó Anoach con una nota de preocupación en la voz.

- No Gran Maestre, solamente está dormido. Los efectos del hechizo de sueño se pasarán en menos de una luna.- - Pero, desgraciadamente… -

- ¿Si? – preguntó el otro con impaciencia.

- La madre, murió en el parto, estaba demasiado débil… –

- Es una lástima – lo cortó Anoach como distraído – pero nuestro único interés era el niño, si los oráculos están en lo cierto este niño puede ser uno de los últimos de nuestra Raza. Como bien sabéis hace muchas estaciones (más de las que puedo recordar) que no nace uno de los nuestros y no sabemos cuando nacerá otro. Así que; llamad al resto y preparadlo todo para el ritual de nacimiento antes de que el niño despierte.-



El Ritual.

“El ritual de nacimiento de un druida se compone de dos partes, primero se efectúa el ritual de Morrighan (Diosa Celta de la muerte, el crimen y la destrucción) que consiste en un sacrificio humano en un ara de piedra situada en un bosque de robles, las víctimas son a veces empaladas, otras asaeteadas, otras quemadas vivas en grandes jaulas de mimbre o simplemente sacrificadas ritualmente. Los sacrificios de ladrones, salteadores y otros delincuentes son los más gratos a los dioses inmortales, claro que a falta de éstos no se tiene ningún reparo en utilizar inocentes. Este primer ritual sirve para ver el futuro del niño druida, y en general el futuro de la Orden.

El segundo ritual, o ritual de potenciación, se realiza muy pocas veces por completo, consiste en tatuar runas en la piel del niño, runas de protección, de poder, de fuerza etc, dependiendo de la naturaleza de las visiones del primer ritual. Generalmente se dibujan unas runas cerca del corazón y en los brazos, o en el dorso de las manos solamente. Estos tatuajes son indelebles y permanecen hasta que el Druida muere”.

Extracto de “Ritos y hechizos Druids”
Gran biblioteca del Sagrado Templo Druid del Ulster




La noche era clara, la luna llena bañaba de luz el claro del bosque dando un aspecto sobrenatural al ara del sacrificio, ocho piedras de unos veinte pies de alto y cubiertas de runas rodeaban el altar formando un circulo perfecto. Al pie de cada menhir estaba situado un Druida vestido con la túnica blanca ceremonial, y en el altar; atado de pies y manos, se encontraba el pobre desdichado que esa noche entregaría su insignificante vida en beneficio de la poderosa magia de los Druidas.
Anoach se encontraba junto a la víctima que se retorcía presa de la desesperación, la hoja de acero grabada con runas de muerte de la daga ceremonial centelleaba a la luz de la luna en la mano del Gran Maestre.

El resto de los Druidas comenzó a entonar en voz baja el ritual y el circulo mágico se iluminó trémulamente. De forma pausada y ceremoniosamente Anoach atravesó el corazón de la víctima con la daga mientras pronunciaba las runas. Los signos mágicos de los menhires comenzaron a iluminarse pasando de un azul desvaído hasta adoptar un color rojo intenso que dañaba la vista.


Mientras la vida escapaba poco a poco de la víctima el Gran Maestre entró en trance, las visiones se agolpaban en su cabeza, muerte, destrucción, el final de una era, el principio de otra, y en medio de todo ello un joven rubio de profundos ojos azules cubierto por completo de runas del mismo color, pero con la piel tan pálida que era imposible que estuviese con vida, ¿o si?, la noche eterna envolvía al joven, no tenía edad aparente y de él irradiaba un oscuro y siniestro poder.

Las runas fueron apagándose lentamente hasta dejarlos prácticamente a oscuras. El Gran Maestre calló al suelo extenuado, le costaría varios ciclos lunares reponerse por completo, pero ahora todo estaba claro, los señores de la noche habían hecho su elección. Cuando el niño creciese tendría que ser entregado a los Vampyr para engrosar sus filas, mientras que la Orden de los Druidas perdería a uno de sus últimos miembros, un sentimiento de gran pesar invadió a Anoach pues sabía bien que el ritual nunca mentía.

- Bien, Xar se encargará del ritual de potenciación – pensaba Anoach mientras se dirigía hacia sus aposentos en las entrañas de la tierra para descansar. – Creo que el nombre del niño está bastante claro; le llamaremos Morgan en honor a la diosa (Morrighan o Morgana), y temo que el tiempo nos dará la razón – dijo para sí meneando la cabeza con gesto abatido mientras se alejaba por el pasadizo débilmente iluminado por las runas de la pared.